Con Mahatma Gandhi en Wardha — Autobiografía de un yogui — Portal de Enseñanzas de SRF
44.Con Mahatma Gandhi en Wardha
Paramahansa Yogananda·~19 min
CCon Mahatma Gandhi en Wardha
—¡Bienvenidos a Wardha! —Mahadev Desai, secretario de Mahatma Gandhi, saludó a la señorita Bletsch, al señor Wright y a mí con estas cordiales palabras y un obsequio de vellones de khaddar (algodón casero). Nuestro pequeño grupo acababa de llegar a la estación de Wardha muy temprano, una mañana de agosto, feliz de dejar el polvo y el calor del tren. Enviamos nuestro equipaje en una carreta, y nosotros ocupamos un automóvil descubierto con el señor Desai y sus compañeros, Babasaheb Deshmukh y el doctor Pingale. Después de un corto viaje por los lodosos caminos del campo llegamos a Maganvadi, el ashram del santo político de la India.
El señor Desai nos condujo enseguida al estudio donde, con las piernas cruzadas, se hallaba Mahatma Gandhi. Con la esa nota escrita rápidamente mientras el señor Desai nos conducía del despacho a la casa de los huéspedes.
Nuestro guía nos llevó a través de los huertos y campos de flores a un edificio con techo de tejas y ventanas de celosías. En el patio anterior había un pozo de unos 8 metros de ancho, que se utilizaba, según el señor Desai, para dar de beber al ganado; junto a él yacía una rueda giratoria de cemento para descascarar arroz. Cada uno de nuestros pequeños cuartos demostraba no tener más que lo mínimo indispensable: una cama de cuerdas trenzadas a mano. La cocina, de blancas paredes encaladas, presumía de su grifo, en un rincón, y un hornillo para cocinar en el otro. Simples sonidos campestres llegaron a nuestros oídos: el graznido de los cuervos y el trino de los gorriones, los mugidos del ganado y el golpe de los cinceles con que se labraban piedras.
Al advertir el diario de viaje del señor Wright, el señor Desai abrió una página y escribió en él una lista de votos Satyagraha², que han hecho todos los fieles seguidores del Mahatma (satyagrahis):
No-violencia; veracidad; no-robar; celibato; no-posesión; trabajo corporal; control del paladar; intrepidez; igual respeto para todas las religiones; swadeshi (el uso de las manufacturas caseras); libertad de los intocables. Estos once principios deben observarse como votos en espíritu de humildad.
(El mismo Gandhi firmó esta página al siguiente día, anotando también la fecha: 27 de agosto de 1935).
Dos horas después de nuestra llegada, a mis compañeros y a mí nos llamaron para el almuerzo. El Mahatma estaba ya sentado bajo la bóveda del pórtico del ashram, al otro lado del patio, enfrente de su estudio. Unos veinticinco satyagrahis descalzos se hallaban sentados en el suelo, ante platos y tazas de latón. Después de una oración comunitaria rezada al unísono, sirvieron la comida en grandes platones de latón: chapatis (pan de trigo integral sin levadura), rociados con ghee, talsari (vegetales cocidos en cubitos) y mermelada de limón.
El Mahatma comió chapatis, remolacha cocida, algunos vegetales crudos y naranjas. A un lado de su plato había un montón de hojas de neem, conocidas por su sabor intensamente amargo y por su notable efecto purificador sobre la sangre. Con una cuchara separó una porción y la puso en mi plato. Yo engullí mi porción con agua, recordando mis días de la niñez, cuando mi madre me había obligado a tragar la desagradable dosis. Gandhi, sin embargo, masticó lentamente la pasta de neem, sin revelar malestar alguno. —Vine a la India en 1925 —me dijo—. En esta tierra me siento como si hubiese «regresado a mi hogar». Ahora, jamás desearía retornar a mi antigua vida e intereses.
Conversamos un rato sobre Estados Unidos.
—¡Siempre me complace y sorprende —dijo— el apreciar el profundo interés en temas espirituales que manifiestan numerosos norteamericanos que visitan la India!⁴
Las manos de Mira Behn pronto se encontraron ocupadas en el charka (la rueda de hilar), omnipresente en la India rural debido a los esfuerzos del Mahatma.
Gandhi tiene muy buenas razones económicas y culturales para fomentar el restablecimiento de las industrias caseras, pero no aconseja la repudiación fanática de todo progreso moderno. La maquinaria, los trenes, los automóviles y el telégrafo han desempeñado un papel muy importante en su propia colosal vida. Cincuenta años de servicio público, en prisión o fuera de ella, luchando diariamente con detalles prácticos y duras realidades en el mundo político, sólo han contribuido a aumentar su equilibrio, la liberalidad de su pensamiento, su sensatez y su apreciación humorística del peculiar espectáculo humano.
ALMUERZO EN EL ASHRAM DE MAHATMA GANDHI, EN WARDHA
Yogananda aparece leyendo una nota que Gandhi (a la derecha) acaba de escribirle (era lunes, día en que el Mahatma guardaba silencio). Al día siguiente, 27 de agosto de 1935, a solicitud de Gandhiji, Sri Yogananda lo inició en Kriya Yoga.
Nuestro trío disfrutó de la cena de las seis de la tarde como huéspedes de Babasaheb Deshmukh. Las siete de la impregnado de una atmósfera de paz y devoción. Gandhi mostraba una de sus cautivadoras sonrisas, cavernosa y casi sin dientes.
—Hace años —explicó—, comencé la observancia de un día de silencio a la semana, con el objeto de tener tiempo para ocuparme de mi correspondencia. Pero ahora esas veinticuatro horas se han convertido en una vital necesidad espiritual. Un mandato periódico de silencio no es una tortura, sino una bendición.
Estuve de acuerdo sinceramente⁵. El Mahatma me preguntó sobre América y Europa; conversamos sobre la India y las condiciones del mundo.
—Mahadev —dijo Gandhi al entrar el señor Desai—, tenga la bondad de hacer los preparativos en el Auditorio de la ciudad, para que Swamiji hable allí sobre yoga mañana por la tarde.
Al darle al Mahatma las buenas noches, él tuvo la consideración de ofrecerme una botella de aceite de citronela.
—¡Los mosquitos de Wardha no saben nada de ahimsa⁶, Swamiji! —dijo riendo.
A la mañana siguiente, nuestro pequeño grupo desayunó muy temprano con un potaje de trigo con melaza y leche. A las diez y media nos llamaron al pórtico del ashram para almorzar con Gandhi y sus satyagrahis. El menú de entonces incluía arroz integral, una nueva selección de vegetales y semillas de cardamomo.
La tarde me halló recorriendo los alrededores del ashram, donde pastaban algunas imperturbables vacas. La protección de las vacas es una pasión de Gandhi.
—Para mí, la vaca significa todo el mundo subhumano, que le permite al hombre extender sus simpatías más allá de su propia especie —explicó el Mahatma—. El hombre, a través de la vaca, se ve impelido a realizar su identidad con todo lo que vive. Por qué los antiguos rishis escogieron la vaca para exaltarla es obvio para mí. La vaca, en la India, era el mejor símbolo; ella prodigaba abundancia. No solamente daba leche, sino que hizo posible la agricultura. La vaca es un poema de piedad: uno lee la piedad en tan dócil animal. Ella es una «segunda madre» para millones de seres humanos. Proteger a la vaca significa proteger a toda la silente creación de Dios. La llamada del orden inferior de la creación es tanto más contundente porque es muda⁷.
Para el hindú ortodoxo, existen ciertos rituales diarios obligatorios. Uno es Bhuta Yajna, una ofrenda de alimento al reino animal. Esta ceremonia simboliza el cumplimiento de las obligaciones del hombre para con las formas menos evolucionadas de la creación; instintivamente atadas por la identificación corporal que también corre la vida humana, dichas criaturas carecen de esa cualidad racional liberadora que es peculiar en la humanidad.
Bhuta Yajna refuerza así la disposición del hombre de ayudar al débil, mientras él, a su vez, es asistido por los innumerables cuidados de elevados seres invisibles. El hombre está también obligado a velar por la renovación de los dones de la naturaleza, pródiga en la tierra, el mar y el cielo. Las barreras de la evolución, que obstruyen la comunicación entre la naturaleza, los animales, el hombre y los ángeles astrales, son superadas a través de estos diarios rituales, expresiones de un silencioso amor.
Otros dos yajnas diarios son Pitri y Nri. Pitri Yajna es una ofrenda de oblación a los antepasados, símbolo del reconocimiento del hombre de sus deudas con las generaciones pasadas, la esencia de cuya sabiduría ilumina a la humanidad de hoy. Nri Yajna es una ofrenda de alimento a los forasteros o a los pobres, símbolo de la actual responsabilidad del hombre, sus deberes para con sus contemporáneos.
Temprano aquella tarde, practiqué un Nri Yajna con una visita al ashram de Gandhi para niñas. El señor Wright
Santos como Gandhi, por el contrario, no solamente han cumplido sacrificios materiales tangibles, sino la más difícil renunciación a las motivaciones egoístas y metas privadas, fundiendo todo su ser en la corriente de la humanidad como un todo.
La extraordinaria esposa del Mahatma, Kasturbai, no hizo objeción alguna cuando él omitió reservar una parte de su riqueza para uso de ella y sus hijos. Casados muy jóvenes, Gandhi y su esposa hicieron la promesa de celibato después del nacimiento de cuatro hijos⁹. Heroína tranquila en el intenso drama que ha sido su vida en común, Kasturbai ha seguido a su esposo a la prisión y ha compartido tanto sus ayunos de tres semanas de duración como buena parte de sus interminables responsabilidades. Ella le rindió a Gandhi el siguiente tributo:
Te agradezco el haber tenido el privilegio de ser tu compañera y colaboradora en la vida. Te doy las gracias por el más perfecto matrimonio en el mundo, basado en brahmacharya (autocontrol) y no en el sexo. Te agradezco por haberme considerado tu igual en tu labor en favor de la India. Te doy las gracias por no haber sido uno de esos esposos que emplean la mayor parte de su tiempo jugando, en las carreras de caballos, con mujeres, vino y canciones, cansándose de humorísticas que se cuentan en la India, acerca del nerviosismo de los maridos cuando sus esposas usan alguna joya en las reuniones de Gandhi; pues, debido a la mágica lengua del Mahatma abogando por los oprimidos, todas terminan poniendo sus brazaletes de oro y los collares de brillantes en el cestillo de la colecta.
Un día, la tesorera pública, Kasturbai, no pudo explicar el desembolso de cuatro rupias. Gandhi publicó entonces un informe financiero que inexorablemente señalaba la diferencia de las cuatro rupias en las cuentas de su esposa.
Muy a menudo he contado esta historia a mis estudiantes norteamericanos. Una noche, una dama de la concurrencia se exaltó, exclamando:
—¡Mahatma o no Mahatma, si hubiese sido mi marido le habría puesto un ojo morado por ese innecesario insulto público!
Luego de un humorístico diálogo sobre el tema de las esposas americanas e hindúes, di una explicación más amplia:
—La señora Gandhi no considera al Mahatma como a su esposo, sino como a su gurú, el cual tiene derecho a corregirla incluso por los errores más insignificantes —indiqué—. Algún tiempo después de que Kasturbai hubiera sido censurada públicamente, Gandhi fue sentenciado a prisión por un cargo político. Mientras serenamente se despedía de su esposa, ella cayó a sus pies.
»"Maestro —dijo humildemente—, si alguna vez te he ofendido, te suplico que me perdones".
A las tres de aquella tarde, en Wardha, acudí —de acuerdo con una cita previa— al despacho de aquel santo que había sido capaz de convertir a su propia esposa en una resuelta discípula: ¡raro milagro! Gandhi levantó la vista, con su inolvidable sonrisa.
—Mahatmaji —le dije, mientras me sentaba en cuclillas junto a él sobre la estera sin cojines—, le suplico que me dé su definición de ahimsa.
—Renunciar a dañar a cualquier criatura viviente, en pensamiento o acción.
—Hermoso ideal. Pero el mundo siempre preguntará: ¿Podría alguien no matar a una cobra, cuando estuviera en juego proteger a un niño o protegerse uno mismo?
—No podría matar a una cobra sin violar dos de mis promesas: intrepidez y no matar. Así pues, trataría más bien de calmar a la víbora con vibraciones de amor. No puedo reducir el nivel de mis ideales para adaptarme a las circunstancias. —Con su asombroso candor, Gandhi agregó —: ¡Debo confesar que no podría continuar conversando serenamente si apareciese aquí una cobra!
Observé que encima de su escritorio había varios libros occidentales recientes sobre dieta.
—Sí, la dieta es importante para el movimiento Satyagraha, tanto como para cualquier otro —dijo sonriendo—. Como yo sostengo que se debe observar una completa temperancia entre los satyagrahis, siempre estoy tratando de encontrar la mejor dieta para el celibato. Uno debe conquistar el paladar antes de poder controlar el instinto procreativo. La semi-inanición o las dietas sin equilibrio no son la respuesta. Después de vencer la gula, un satyagrahi debe continuar con una dieta vegetariana racional, que le aporte todas las vitaminas necesarias, minerales, calorías, etcétera. Por medio de la sabiduría interna y externa con respecto a la alimentación, el fluido sexual del satyagrahi fácilmente se convierte en energía vital para todo el cuerpo.
El Mahatma y yo comparamos nuestro conocimiento de buenos sustitutos de la carne.
—El aguacate es excelente —le dije—. Hay muchos huertos de árboles de aguacate cerca de mi centro en California.
El rostro de Gandhi se iluminó con interés.
La hora de mi prometida instrucción había llegado; varios satyagrahis entraron al cuarto: el señor Desai, el doctor Pingale y algunos otros que deseaban recibir la técnica de Kriya.
Primero les enseñé los ejercicios físicos de Yogoda. En ellos se visualiza el cuerpo como si estuviera dividido en veinte partes; la voluntad dirige la energía por turnos a cada sección. Pronto todos estuvieron vibrando ante mí como motores humanos. Fue fácil observar las ondulantes contracciones de las veinte partes del cuerpo de Gandhi, casi invariablemente expuesto a la vista. Aunque muy delgado, no es desagradable; la piel de su cuerpo es tersa y no tiene arrugas¹⁰.
Luego inicié al grupo en la liberadora técnica de Kriya Yoga.
El Mahatma ha estudiado con reverencia todas las religiones del mundo. Las escrituras jainas, el Nuevo Testamento bíblico y los escritos sociológicos de Tolstoi¹¹ son las principales fuentes de las convicciones de Gandhi sobre la no-violencia. Él ha expuesto su credo como sigue:
Creo que la Biblia, el Corán y el Zend-Avesta¹² han sido divinamente inspirados, como los Vedas. Creo en la institución de los gurús; pero en esta época millones de personas deben arreglárselas sin un gurú, porque es muy raro encontrar una combinación de perfecta pureza y perfecta instrucción. Pero no se debe perder la esperanza de llegar a conocer la verdad de la religión personal, porque los fundamentos del hinduismo, como los de cualquier otra gran religión, son inmutables y fáciles de comprender.
Yo creo, como todo hindú, en Dios y su unidad, en el renacimiento y la salvación. [...] Me es tan difícil describir mis sentimientos por el hinduismo como los que abrigo por mi propia esposa. Ella me conmueve como ninguna otra mujer en el mundo. No es que ella no tenga faltas; osaría decir que tiene más de las que veo, pero el sentimiento de un lazo indisoluble está ahí. En igual forma, mis sentimientos están junto al hinduismo, con todas sus faltas y limitaciones. Nada me encanta más que la música del Guita, o el Ramayana de Tulsidas. Cuando me imaginaba que había llegado mi última hora, el Guita era mi solaz.
El hinduismo no es una religión exclusiva. En ella existe la posibilidad de adorar a todos los profetas del mundo¹³. No es una religión misionera en el sentido ordinario del término. Sin duda, ha absorbido muchas tribus en su seno, pero esta absorción ha sido de un carácter evolutivo e imperceptible. El hinduismo le dice a cada hombre que adore a Dios de acuerdo con su propia fe o dharma¹⁴, y así vive en paz con todas las religiones. para los pranams de despedida. El santo se levanta a las cuatro de la mañana a orar.
—¡Mahatmaji, adiós! —Me arrodillé para tocar sus pies—. ¡La India está segura bajo su custodia!
Años han pasado desde el idílico episodio de Wardha; la tierra, los océanos y el firmamento se han oscurecido con un mundo en guerra.
Solo entre grandes líderes, Gandhi ha ofrecido su movimiento práctico de no-violencia como alternativa al poder armado. Para deshacer agravios y erradicar injusticias, el Mahatma ha empleado el medio de la no-violencia, que una y otra vez ha probado su eficacia. Él declara su doctrina con estas palabras:
He comprobado que la vida persiste en medio de la destrucción. Por lo tanto, debe haber una ley superior a la de la destrucción. Únicamente bajo esa ley ordenada, la sociedad puede ser inteligible y la vida digna de vivirse.
Si ésa es la ley de la vida, debemos ponerla en práctica en nuestra vida diaria. Dondequiera que haya guerra, dondequiera que nos enfrentemos a un oponente, debemos conquistarlo con el amor. He encontrado que esta ley del amor ha respondido en mi propia vida como no lo habría hecho la ley de la destrucción.
En la India hemos tenido una demostración visible del funcionamiento de esta ley en la más amplia escala posible. Yo no pretendo que la doctrina de la no-violencia haya penetrado en los trescientos sesenta millones de habitantes de la India, pero sí estoy seguro de que se ha asimilado más profundamente que cualquier otra doctrina en un tiempo increíblemente corto.
Se necesita un metódico y tenaz entrenamiento para alcanzar el estado mental de la no-violencia. Es una vida disciplinada, como la vida de un soldado. El estado perfecto se alcanza únicamente cuando la mente, el cuerpo y la palabra se encuentran en la armonía adecuada. Todo problema hallaría su solución si decidiésemos convertir las leyes de la verdad y de la no-violencia en la ley de la vida.
El ominoso desarrollo de los acontecimientos políticos mundiales destaca la inexorable verdad de que la carencia de visión espiritual conduce a los pueblos a la extinción. La ciencia ha llevado a la humanidad a comprender vagamente —si la religión no lo ha logrado aún— la inseguridad implícita en todas las cosas materiales, las cuales casi parecen estar desprovistas de sustancia. ¿Adónde puede el hombre en verdad volverse ahora, sino a su propia Fuente y Origen, al Espíritu que mora en su interior?
El llamado a la no-violencia de Gandhi apela a la más elevada conciencia del hombre. Hagamos que las naciones no sean aliadas de la muerte, sino de la vida, no de la destrucción, sino de la construcción: no del odio, sino de los milagros creativos del amor.
«Uno debe perdonar, ante cualquier injuria —afirma el Mahabharata—. Se ha dicho que la continuación de la especie se debe a que el hombre perdona. El perdón es sagrado; por medio del perdón, el universo se sostiene en conjunto. El perdón es la fuerza del poderoso; perdón es sacrificio, perdón es quietud mental. El perdón y la dulzura son las cualidades del que se posee a sí mismo y representan la virtud eterna».
La no-violencia es el producto natural de la ley del perdón y del amor. «Si la pérdida de la vida se hace necesaria en una batalla justa —proclama Gandhi—, uno debe estar preparado, como Jesús, para derramar su propia sangre, y no la de otros. De ese modo, finalmente habría menos derramamiento de sangre en el mundo».
Algún día se escribirán poemas épicos sobre los satyagrahis de la India, que han resistido al odio con el amor, a la violencia con la no-violencia y que se han dejado asesinar sin misericordia en vez de responder con las armas. El resultado en ciertas ocasiones históricas fue que los oponentes armados arrojaron sus fusiles y corrieron avergonzados, profundamente conmovidos, a la vista de seres que estiman la vida de otros por encima de la propia.
«Yo esperaría, durante siglos si fuese necesario —afirma Gandhi—, antes de buscar la libertad de mi país a través del derramamiento de sangre». La Biblia nos advierte: «Todos los que empuñen espada perecerán a espada»16. Gandhi ha escrito:
Yo me denomino nacionalista, pero mi nacionalismo es tan amplio como el universo. Incluye en su extensión a todas las naciones de la tierra17. Mi nacionalismo incluye el bienestar de todo el mundo. No quiero que mi India se levante sobre las cenizas de otras naciones. No deseo que la India explote a un solo ser humano. Quiero que la India sea poderosa con el objeto de que pueda contagiar a las otras naciones con su fuerza. Esto no ocurre hoy en una sola nación de Europa; ninguna de ellas fortalece a las demás.
El presidente Wilson mencionó sus hermosos catorce puntos, pero dijo: «Después de todo, si este esfuerzo nuestro para obtener la paz fracasa, podemos recurrir a nuestro armamento». Yo deseo invertir esa posición, y digo: «Nuestro armamento ya ha fracasado. Busquemos ahora algo nuevo: usemos la fuerza del amor y a Dios, que es la verdad». Cuando tengamos eso, no necesitaremos más. arcaicas enemistades entre hindúes y musulmanes; cientos de miles de musulmanes miran al Mahatma como a su líder. Los intocables han encontrado en él a su intrépido y triunfante campeón. «Si hay un nuevo renacimiento para mí —escribió Gandhi—, desearía nacer paria entre los parias, porque de esta manera sería capaz de ofrecerles un servicio más efectivo».
El Mahatma es verdaderamente un «alma grande», pero fueron millones de iletrados los que tuvieron el discernimiento de otorgarle el título. Este apacible profeta es reverenciado en su propia tierra. El campesino más humilde ha sido capaz de elevarse a la altura del desafío de Gandhi. El Mahatma cree de todo corazón en la inherente nobleza del hombre. Los fracasos inevitables jamás lo han desilusionado. «Aun cuando su oponente le juegue en falso veinte veces —escribe—, el satyagrahi está dispuesto a confiar en él la vigésimoprimera vez, pues la confianza implícita en la naturaleza humana constituye la esencia misma de nuestro credo»¹⁸.
—Mahatmaji, usted es un hombre excepcional. No debe esperar que el mundo actúe como usted. —Cierto crítico le hizo una vez esta observación.
ESCRITURA DE MAHATMA GANDHI, EN HINDI
Con ocasión de su visita a la escuela Yogoda Satsanga Brahmacharya Vidyalaya en Ranchi (India), en la cual se imparte entrenamiento yoga, Mahatma Gandhi tuvo la gentileza de escribir las siguientes líneas en el libro para visitantes:
La traducción del texto en hindi es la siguiente:
«Esta institución me ha impresionado profundamente. Espero que esta escuela fomente tanto como le sea posible el uso de la rueda de hilar».
17 de septiembre de 1925
[Firmado:] Mohandas Gandhi
—Es curioso cómo nos engañamos a nosotros mismos, imaginándonos que el cuerpo puede mejorarse, pero que que se les molestara. «Otros fueron asesinados; otros fueron masacrados; pero ellos permanecieron seguros. Ninguna mujer cuáquera sufrió asaltos; ningún niño cuáquero fue asesinado; ningún hombre cuáquero fue torturado». Cuando a los cuáqueros se les obligó finalmente a entregar el gobierno del estado, «la guerra estalló y algunos pensilvanos resultaron muertos. Pero únicamente tres cuáqueros murieron, tres de los que se sabe abandonaron su fe hasta el grado de tomar las armas de defensa».
«El recurrir a la fuerza en la Primera Guerra Mundial no aportó la tranquilidad que se esperaba —ha hecho notar Franklin D. Roosevelt—. La victoria y la derrota fueron igualmente estériles. Esa lección debería haberla aprendido el mundo».
«Cuantas más armas de violencia, mayor sufrimiento para la humanidad —enseñó Lao-tsé—. El triunfo de la violencia termina en un festival de luto».
«Estoy luchando nada menos que por la paz del mundo —declaró Gandhi—. Si el movimiento de la India tiene éxito sobre las bases del no-violento Satyagraha, éste dará un nuevo significado al patriotismo; y aun diría, con toda humildad, a la vida misma».
Antes de que Occidente rechace el programa de Gandhi como el de un soñador poco práctico, permítasenos reflexionar sobre una definición de Satyagraha del Maestro de Galilea:
«Habéis oído que se dijo: "Ojo por ojo y diente por diente". Pues yo os digo que no resistáis al mal [con el mal]; antes bien, al que te abofetee en la mejilla derecha ofrécele también la otra»20.
La época de Gandhi se ha extendido, con la hermosa precisión del ritmo cósmico, hacia un siglo ya desolado y devastado por dos guerras mundiales. Un manuscrito divino aparece en el muro de granito de su vida: una advertencia contra más derramamientos de sangre entre hermanos.
EN MEMORIA DE MAHATMA GANDHI
«Él fue en verdad el padre de la nación, pero un loco le ha asesinado. Millones y millones de personas están de luto, porque la luz se ha desvanecido. [...] La luz que resplandecía en esta tierra no era una luz ordinaria. Durante mil años esa luz se percibirá en este país, y el mundo entero también la verá». Palabras del Primer Ministro de la India, en Roma, decía: «El asesinato nos ha causado gran consternación. Gandhi es llorado como un apóstol de las virtudes cristianas».
Las vidas de todos los grandes seres que han venido a este mundo para poner de manifiesto un aspecto de la virtud se hallan colmadas de un significado simbólico. La dramática muerte de Gandhi por la causa de la unidad de la India ha puesto de relieve su mensaje para un mundo que, en cada continente, se halla desgarrado por la desunión. Él ha enunciado ese mensaje con palabras proféticas:
«La no-violencia se ha hecho presente entre los seres humanos y perdurará: es el heraldo de la paz mundial».
En un libro posterior (The Spirit's Pilgrimage; Coward-McCann, Nueva York, 1960), la señorita Slade mencionó un gran número de personas que visitaron a Gandhi en Wardha. Ella escribió: «Con el paso del tiempo, no puedo recordar a muchas de ellas; sin embargo, hay dos que permanecen con claridad en mi memoria: Halide Edib Hanum, la célebre escritora turca, y Swami Yogananda, el fundador de Self-Realization Fellowship en Estados Unidos». (Nota del editor). devoción impersonal hacia la verdad, rara en los anales de cualquier época. hecho con las fuerzas físicas. Algún día la gente aprenderá que las cosas materiales no aportan felicidad y son de muy poca utilidad para hacer a la humanidad creativa y poderosa. En ese momento, los científicos del mundo volverán a sus laboratorios para estudiar a Dios, la oración y las fuerzas espirituales que ahora tan sólo hemos examinado superficialmente. Cuando llegue ese día, el mundo verá mucho más adelanto en una generación de lo que haya visto en las cuatro últimas».