La resurrección de Sri Yukteswar — Autobiografía de un yogui — Portal de Enseñanzas de SRF
43.La resurrección de Sri Yukteswar
Paramahansa Yogananda·~24 min
LLa resurrección de Sri Yukteswar
—¡Señor Krishna! —La gloriosa forma del avatar apareció, en medio de una luz centelleante, cuando me hallaba apaciblemente sentado en mi habitación del Hotel Regent, en Bombay. Resplandeciendo en el techo de un elevado edificio, al otro lado de la calle, la inefable visión había aparecido de pronto ante mis ojos cuando observaba el paisaje desde mi ventana en el segundo piso.
La divina forma me hacía señas, me sonreía e inclinaba la cabeza en señal de saludo. No pudiendo yo comprender el exacto mensaje del Señor Krishna, él partió, no sin antes despedirse con un ademán de bendición. Estimulado de modo maravilloso, sentí que el evento presagiaba un acontecimiento espiritual.
¡Qué amargamente me he censurado por haberle abandonado entonces!
—No quería interponerme en tu regocijante perspectiva de visitar el lugar de peregrinación donde tuve mi primer encuentro con Babaji. Únicamente te he dejado por un momento, ¿no estoy ahora de nuevo contigo?
—Pero ¿es usted, Maestro, el mismo León de Dios? ¿Está utilizando un cuerpo como el que sepulté bajo las crueles arenas de Puri?
—Sí, hijo mío; soy el mismo. Éste es un cuerpo de carne y hueso; aun cuando yo lo veo como etéreo, para tu vista es físico. De los átomos cósmicos, he creado un cuerpo enteramente nuevo, copia exacta del onírico cuerpo físico que tú depositaste bajo las oníricas arenas de Puri, en tu mundo onírico. De hecho, yo no he resucitado en la tierra, sino en un planeta astral. Los habitantes de ese planeta están más capacitados que los de la tierra para alcanzar el elevado nivel de mis ideales. Allí, tanto tú como tus seres queridos por ti exaltados vendrán algún día conmigo.
—¡Gurú inmortal, dígame más!
Mi maestro rió brevemente con alegría y me dijo:
—Hijo mío, ¿no quieres aflojar un poco tu abrazo?
—¡Sólo un poco! —le dije. Le tenía abrazado como un pulpo aprisiona a su presa. Podía percibir la misma suave y peculiar fragancia natural que su cuerpo despedía en el pasado. Todavía ahora revivo el gozo que me proporcionó el contacto con su divina forma, y en mis brazos y manos experimento la misma sensación al evocar aquellos momentos.
—Así como los profetas son enviados a la tierra para ayudar a los hombres a expiar su deuda kármica física, así he sido enviado por Dios para servir en un planeta astral como salvador —explicó Sri Yukteswar—; a ese planeta se le llama Hiranyaloka o Planeta Astral Iluminado. Allí estoy ayudando a seres adelantados a deshacerse de su karma astral y de esta manera obtener su liberación de futuros nacimientos astrales. Los habitantes de Hiranyaloka son muy desarrollados espiritualmente; todos ellos, en su última encarnación terrena, alcanzaron, a través de la meditación, el poder de abandonar conscientemente sus cuerpos a la hora de la muerte. Nadie puede entrar en Hiranyaloka si antes no ha llegado en la tierra más allá del sabikalpa samadhi, y ha alcanzado el más alto estado de éxtasis, el nirbikalpa samadhi¹.
»Los habitantes de Hiranyaloka pasaron ya a través de las esferas astrales ordinarias, donde se trasladan al morir casi estructurado de vitatrones³. El ser que mora en un cuerpo causal reside en el bienaventurado reino de las ideas. Mi labor consiste en preparar seres astrales que próximamente ingresarán en el mundo causal.
—Adorable Maestro, le ruego contarme más acerca del cosmos astral. —Aunque yo había aflojado ligeramente mi abrazo, a petición de Sri Yukteswar, aún permanecía estrechándolo. ¡Tesoro más valioso que todos los tesoros, mi maestro espiritual que burló a la muerte para venir a mí!
—Hay allí muchos planetas astrales rebosantes de seres astrales —continuó el Maestro—; sus habitantes se valen de vehículos astrales o masas de luz, para transportarse de un planeta a otro, más veloces que la electricidad y que las energías radiactivas.
»El universo astral, hecho de diversas vibraciones sutiles de luz y color, es cientos de veces mayor que el cosmos material. Toda la creación física está suspendida como una canastilla sólida bajo el enorme globo luminoso de la esfera astral. Tal como en el espacio vaga una diversidad de soles y estrellas físicas, así hay también innumerables sistemas astrales de soles y estrellas. Sus planetas tienen soles y lunas astrales mucho más bellos que los físicos. Las luminarias astrales se asemejan a auroras boreales, la aurora astral solar es más deslumbrante que la aurora lunar de rayos tenues. El día y la noche astrales son más prolongados que los terrenales.
»El mundo astral es infinitamente bello, limpio, puro y ordenado. No hay allí planetas inertes ni regiones estériles. Las imperfecciones terrestres, tales como malas hierbas, bacterias, insectos o serpientes, no existen allí. Tampoco existen los climas y estaciones variables de la tierra; los planetas astrales conservan una temperatura uniforme de primavera eterna con ocasionales nevadas luminosas y lluvias de luces de varios colores. Los planetas astrales están colmados de lagos opalinos, mares brillantes y ríos semejantes a un arcoíris.
»El universo astral ordinario —no el sutil cielo de Hiranyaloka— se encuentra poblado de millones de seres astrales, quienes llegaron más o menos recientemente procedentes de la tierra, y también de miríadas de hadas, sirenas, peces, animales, duendes, gnomos, semidioses y espíritus, todos los cuales residen en diferentes planetas astrales, de acuerdo con sus condiciones kármicas. Existen diversas mansiones esféricas o regiones vibratorias acondicionadas para buenos y malos espíritus. Los buenos pueden viajar libremente, pero los espíritus malos están se convierten al instante en líquidos, gases o energías astrales, simplemente por la voluntad de sus habitantes.
»Este mundo está ensombrecido por guerras y matanzas en tierra, mar y aire —continuó mi gurú—; en cambio, en los reinos astrales se observa una feliz igualdad y armonía. Los seres astrales materializan o desmaterializan su forma a voluntad. Las flores, los peces o los animales en general pueden metamorfosearse a sí mismos por un tiempo en seres humanos astrales. Todos los seres astrales son libres de asumir cualquier forma y pueden fácilmente comunicarse entre sí. No hay una ley natural fija, definida, que los limite a una rutina inamovible. A todo árbol astral, por ejemplo, se le puede pedir con éxito que produzca un mango u otra fruta que se desee, o flores, o ciertamente cualquier objeto.
»Ciertas restricciones kármicas están presentes, pero en el mundo astral no hay prácticamente limitaciones para desear múltiples formas. Todo vibra con la creadora luz de Dios.
»Nadie nace de mujer. Los seres astrales materializan sus hijos mediante su voluntad cósmica, creando especialmente para este objeto formas astralmente condensadas. El ser que recientemente abandonó su cuerpo físico se integra a una familia astral invitado por la atracción de tendencias mentales y espirituales similares.
»Al cuerpo astral no le afecta ni el frío ni el calor ni otras condiciones naturales. Su anatomía incluye su cerebro astral, o sea, el loto de mil pétalos de luz, y seis centros perceptores activos ubicados en el eje cerebroespinal astral, o sushumna. El corazón atrae tanto la energía cósmica como la luz del cerebro astral y las impulsa hacia los nervios astrales y a las células del cuerpo o vitatrones. Los seres astrales pueden cambiar la forma de sus cuerpos por medio de la fuerza vitatrónica o a través de sagradas vibraciones mántricas.
»En la mayoría de los casos, el cuerpo astral es una contraparte exacta de la última forma física. Los seres astrales conservan la misma apariencia que poseyeron durante la juventud en su previa estancia terrena. Ocasionalmente un ser astral elige, como en mi caso, conservar su aspecto senil.
El Maestro, irradiando la esencia misma de la juventud, rió alegremente.
—A diferencia del mundo físico, espacial y tridimensional, captado sólo por los cinco sentidos, las esferas astrales son percibidas por el sexto sentido, que todo lo incluye: la intuición. —Sri Yukteswar continuó—: Todos los seres astrales ven, oyen, huelen, gustan y palpan puramente mediante la aprehensión intuitiva. Poseen tres ojos, dos de astrales se dan ocasión de engalanarse, adoptando formas especialmente diseñadas.
»Regocijantes festividades astrales en planetas astrales superiores, como Hiranyaloka, acontecen cuando un ser se libera del mundo astral debido a su adelanto espiritual y está, por lo tanto, en condiciones de ingresar al cielo del mundo causal. En tales ocasiones, el Invisible Padre Celestial y los santos que se han fundido en Él se materializan en formas de su propia elección y se suman a la celebración astral. Con el objeto de agradar a su amado devoto, el Señor adopta cualquier forma que se desee. Si el devoto adoró por conducto de la devoción, él ve a Dios como Madre Divina. Para Jesús, el aspecto Paternal del Infinito era más atrayente que ninguna otra concepción de Dios. ¡La individualidad con que el Creador ha dotado a cada una de sus criaturas satisface todo tipo de demandas, concebibles e inconcebibles, ante la gran versatilidad del Señor! —Mi gurú y yo reímos alegremente.
»Los amigos de otras vidas fácilmente se reconocen uno a otro en el mundo astral —prosiguió Sri Yukteswar con su bella voz, semejante a un canto—. Regocijándose ante la inmortalidad de la amistad, ellos se dan cuenta de la indestructibilidad del amor, del que a menudo se duda en el triste momento de la engañosa separación de la vida terrenal.
»La intuición de los seres astrales atraviesa el velo de maya y observa las actividades humanas sobre la tierra; en cambio, el hombre no puede mirar el mundo astral a menos que su sexto sentido se desarrolle hasta cierto punto. Miles de habitantes terrenales han vislumbrado momentáneamente a un ser astral o un mundo astral⁶.
»Los seres aventajados de Hiranyaloka permanecen despiertos y en éxtasis la mayor parte del tiempo, durante los prolongados días y noches astrales, colaborando en la solución de intrincados problemas del gobierno cósmico y en la redención de los hijos pródigos, almas atadas a la tierra. Cuando los seres de Hiranyaloka duermen, a veces tienen visiones astrales semejantes a sueños. Sus mentes permanecen habitualmente absortas en el más elevado estado de conciencia: la bienaventuranza del nirbikalpa samadhi.
»Los habitantes de todas las regiones del mundo astral están aún sujetos a las agonías mentales. Las mentes sensibles de los seres superiores que moran en planetas como Hiranyaloka sienten un hondo dolor si se comete cualquier error en la conducta o en la percepción de la verdad. Estos seres avanzados se empeñan en armonizar cada uno de sus actos y pensamientos con la perfección de la ley espiritual. momento, transfiriendo mi mente al estado supraconsciente, puedo revivir claramente la divina experiencia.
—Vegetales luminosos, semejantes a rayos, abundan en las tierras astrales —contestó él—. Los seres astrales consumen verduras y beben el néctar que fluye de los gloriosos manantiales de luz y de los arroyos y ríos astrales.
»De la misma manera que sobre la tierra las imágenes invisibles de personas pueden ser arrancadas del éter y hacerse visibles mediante un aparato de televisión, para desvanecerse luego en el espacio nuevamente, así las invisibles imágenes astrales de hortalizas y plantas creadas por Dios flotan en el éter y se precipitan sobre un planeta astral por la voluntad de sus habitantes. Del mismo modo, de las caudalosas fantasías de estos seres, toman forma jardines enteros de fragantes flores, volviendo más tarde a su invisibilidad etérea. Si los moradores de los planetas celestiales, como Hiranyaloka, están parcialmente exentos de la necesidad de comer, superior es aún la incondicionada existencia de las almas casi completamente liberadas, que moran en el mundo causal; éstas no requieren alimento alguno, excepto el maná de la bienaventuranza.
»El ser astral liberado de la tierra se encuentra con multitud de parientes, padres, madres, esposas, maridos y amigos, adquiridos durante diferentes encarnaciones sobre la tierra⁷; éstos aparecen de tiempo en tiempo en diversas regiones de los reinos astrales. Así pues, el habitante astral se siente desorientado con respecto a quién amar en forma especial; y de este modo aprende a ofrecer el mismo amor divino a todos, considerándolos como hijos de Dios y como expresiones personales del Creador. Si bien la apariencia exterior de los seres amados puede haber cambiado, más o menos, de acuerdo con el desarrollo de nuevas cualidades en la última vida de cualquier alma en particular, el ser astral emplea su infalible intuición para reconocer a todos aquellos a quienes amó una vez en otros planos de existencia, dándoles la bienvenida a su nuevo hogar astral. Puesto que cada átomo en la creación está dotado de una individualidad inextinguible⁸, un amigo astral será reconocido sean cuales sean los hábitos de los que se revista, así como en la tierra es posible descubrir la identidad de un actor a pesar de su disfraz, mediante una observación detenida.
»El período de vida en el mundo astral es mucho más prolongado que el de la tierra. El promedio normal de vida de los seres astrales aventajados tiene una duración de quinientos a mil años, medidos con el patrón de tiempo que se usa en la tierra. Así como las secuoyas gigantes sobrepasan en unidades de energía manifestada que constituyen la vida de los seres astrales. En la muerte física un ser pierde su conciencia carnal y toma conciencia de ocupar un cuerpo sutil en el mundo astral. Al experimentar la muerte astral, a su debido tiempo, un ser pasa de la conciencia del nacimiento y muerte astrales a aquella de nacimiento y muerte físicos. Estos ciclos recurrentes de confinamiento en cuerpos astrales y físicos constituyen el inevitable destino de todos los seres no iluminados. Las definiciones de las escrituras sobre el cielo y el infierno despiertan ocasionalmente, en las profundidades del ser, aún más allá de la subconciencia, los perdidos recuerdos de la larga serie de experiencias del hombre en el gozoso mundo astral y en el decepcionante mundo terrenal.
—Amado Maestro —pedí—, ¿podría describirme más detalladamente la diferencia que existe entre el renacimiento sobre la tierra y el renacimiento en las esferas astral y causal?
—El hombre, como alma individualizada, es esencialmente un cuerpo causal —explicó mi gurú—. Ese cuerpo constituye la matriz de treinta y cinco ideas requeridas por Dios como las fuerzas básicas del pensamiento causal, de las cuales Él formó más tarde el sutil cuerpo astral de diecinueve elementos y el burdo cuerpo físico de dieciséis elementos.
»Los diecinueve elementos del cuerpo astral son de naturaleza mental, emocional y vitatrónica. Estos diecinueve componentes son: la inteligencia, el yo o ego, la emoción, la mente (conciencia de los sentidos); cinco instrumentos del conocimiento, las contrapartes sutiles de los sentidos físicos de vista, oído, olfato, gusto y tacto; cinco instrumentos de acción, que guardan correspondencia mental con las habilidades ejecutivas de procrear, excretar, hablar, caminar y ejercer actividades manuales; y cinco instrumentos de energía vital, por cuyo poder se desarrollan las funciones corporales de cristalización, asimilación, eliminación, metabolización y circulación. Ese sutil confinamiento astral de diecinueve elementos sobrevive a la muerte del cuerpo físico, que está integrado por dieciséis burdos elementos químicos. Dios elaboró diferentes ideas en su propio Ser, y las proyectó plasmadas en forma de sueños. Y así nació la Soñadora Cósmica fastuosamente decorada con los infinitos ornamentos de la relatividad.
»En las treinta y cinco categorías de pensamiento del cuerpo causal, Dios elaboró todas las complejidades de las contrapartes del hombre, diecinueve astrales y dieciséis físicas. Mediante la condensación de las fuerzas vibratorias, primero sutiles y luego densas, Él produjo el cuerpo astral del deseo relacionada con los apegos astrales o las percepciones causales.
»Los deseos astrales se concentran alrededor del goce en términos de vibración. Los seres astrales disfrutan de la etérea música de las esferas y quedan fascinados por el espectáculo de toda la creación en forma de inagotables expresiones de luz cambiante. Los seres astrales deleitan sus sentidos oliendo, gustando y tocando la luz. Los deseos astrales se supeditan así al poder de los seres astrales para precipitar todos los objetos y experiencias como figuras luminosas, o bien como pensamientos condensados, o como sueños.
»Los deseos causales se satisfacen sólo por la percepción. Los seres que están próximos a ser libres y moran solamente en un cuerpo causal ven todo el universo como realizaciones de las ideas-sueño de Dios. Ellos pueden materializar cualquier ser u objeto por medio del pensamiento puro. Por lo tanto, los seres causales consideran el goce de las sensaciones físicas o de los deleites astrales como densos y sofocantes para la fina sensibilidad del alma. Los seres causales se liberan de sus deseos materializándolos al instante¹⁰. Aquellos cuyo ser está cubierto sólo por el delicado velo de la envoltura causal pueden poner en manifestación universos enteros, al igual que el Creador. Debido a que toda la creación está hecha de la cósmica textura del sueño, el alma sutilmente revestida del cuerpo causal tiene un vasto poder de acción.
»Siendo invisible por naturaleza, un alma puede distinguirse sólo por la presencia de su cuerpo o cuerpos. La mera presencia de un cuerpo significa que su existencia se hizo posible gracias a la existencia de deseos insatisfechos¹¹.
»Mientras el alma del hombre se encuentre revestida de uno, dos o tres recipientes corpóreos, tapados apretadamente con los corchos de la ignorancia y de los deseos, no podrá fundirse en el mar del Espíritu. Cuando el burdo receptáculo físico se destruye por el martillo de la muerte, las otras dos envolturas, astral y causal, continúan existiendo para evitar que el alma se una conscientemente a la Vida Omnipresente.
»Cuando se obtiene la liberación del deseo a través de la sabiduría, su poder desintegra los dos cuerpos restantes. La diminuta alma humana emerge, libre al fin, y se hace una con la Inconmensurable Amplitud.
Le pedí a mi divino gurú que arrojara aún mayor luz acerca del elevado y misterioso mundo causal.
—El mundo causal es indescriptiblemente sutil —replicó él—. Para comprenderlo, uno tendría que poseer un tremendo poder de concentración que lo capacitara para visualizar, interestelares. Pero los seres del mundo causal tienen una libertad mucho mayor y pueden manifestar sin esfuerzo sus pensamientos, concretándolos en forma instantánea, sin ninguna obstrucción material o astral y sin limitación kármica alguna.
»Los seres causales son conscientes de que el cosmos físico no está construido básicamente de electrones ni tampoco el cosmos astral está compuesto esencialmente de vitatrones; ambos, en realidad, están constituidos de diminutas partículas de pensamiento divino, desintegradas y divididas por maya, la ley de relatividad, por cuya intervención aparentemente la creación se ve separada de su Creador.
»Las almas, en el mundo causal, se reconocen unas a otras como entes individualizados del Espíritu gozoso; las cosas hechas de sus pensamientos son los únicos objetos que las rodean. Los seres causales comprenden que la diferencia entre sus cuerpos y sus pensamientos se reduce a meras ideas. Como un hombre, al cerrar los ojos, puede visualizar una blanca luz deslumbrante o una tenue bruma azul, así los seres causales son capaces de ver, oír, oler, gustar y tocar exclusivamente a través del pensamiento; ellos crean cualquier cosa, o la disuelven, por medio del poder cósmico de la mente.
»Tanto la muerte como el renacimiento en el mundo causal se verifican en pensamiento. Los seres de cuerpo causal gozan únicamente con la ambrosía del conocimiento eternamente nuevo. Ellos beben de los manantiales de la paz, vagan sobre las vírgenes arenas de las percepciones y nadan en el infinito océano de la bienaventuranza. ¡He aquí sus resplandecientes cuerpos-idea, desplazándose veloces a través de billones de planetas creados por el Espíritu, burbujas de universos recién nacidos, estrellas de sabiduría, espectrales sueños de nebulosas doradas... en el celestial seno de la Infinitud!
»Muchos seres permanecen durante miles de años en el cosmos causal. A través de éxtasis más profundos, el alma liberada se retira entonces de su diminuto cuerpo causal y se incorpora a la vastedad del cosmos causal. Todos los diferentes torbellinos de ideas, las individualizadas ondas de poder, amor, voluntad, gozo, paz, intuición, serenidad, autocontrol y concentración se funden en el eternamente gozoso Mar de la Bienaventuranza. Ya no tiene el alma que experimentar su dicha como una ola individualizada de conciencia, sino que se funde en el Único Océano Cósmico, con todas sus olas de eterno reír, palpitar y vibrar. salvador asume parte del karma¹³ de los habitantes de ese mundo, ayudándolos así a terminar su ciclo de reencarnación en el cosmos astral y residir permanentemente en las esferas causales. Un alma libre puede también entrar al mundo causal en auxilio de los seres de dicho mundo, ayudándolos a abreviar el lapso de su permanencia en el cuerpo causal y alcanzar así su liberación absoluta.
—Mi resucitado maestro, quiero saber más acerca del karma que impulsa a las almas a regresar a los tres mundos.
—Hubiera podido escuchar por toda la eternidad a mi omnisciente maestro, pensé. Nunca durante su vida terrenal fui capaz, en un momento dado, de asimilar tanta de su sabiduría. Ahora, por primera vez, estaba yo experimentando una comprensión clara y definida sobre los enigmáticos interespacios del tablero de damas de la vida y la muerte.
—El karma físico, o el conjunto de deseos del hombre, debe satisfacerse totalmente antes de que pueda éste residir en forma permanente en los mundos astrales —aclaró mi gurú con su conmovedora voz—. Dos clases de seres viven en las esferas astrales. Aquellos que aún tienen karma terrenal, y que deben por ese motivo residir nuevamente en un tosco cuerpo físico a fin de pagar sus deudas kármicas, podrían clasificarse más bien, después de su muerte física, como visitantes temporales del mundo astral y no como residentes permanentes.
»A los seres de karma terrenal sin redimir no les está permitido, después de la muerte astral, ingresar en la alta esfera causal de ideas cósmicas, sino que se mueven alternativamente entre el mundo físico y el mundo astral exclusivamente; en cada viaje, toman sucesivamente conciencia del cuerpo físico de dieciséis elementos densos y del cuerpo astral de diecinueve sutiles elementos. Sin embargo, después de cada desprendimiento del cuerpo físico, el ser no desarrollado procedente de la tierra permanece la mayor parte del tiempo en el profundo estupor del sueño de la muerte y es apenas consciente de la bella esfera astral. Después del reposo astral, tal hombre regresa al plano material para recibir lecciones ulteriores; a través de repetidos retornos al mundo astral, se acostumbra gradualmente a la sutil textura de éste.
»Por otra parte, los residentes habituales establecidos por largo tiempo en el universo astral son aquellos que, libres para siempre de todo anhelo material, no necesitan regresar más a las burdas vibraciones de la tierra. Tales seres tienen solamente karma astral y causal por redimir. A la muerte astral, estos seres pasan al infinitamente más refinado y astral. Dichos seres deben liberarse de su pesado karma astral antes de que, tras su muerte astral, puedan convertirse en residentes permanentes del mundo causal de las ideas, el cual se encuentra apenas separado del Creador.
»Solamente cuando un ser ya no anhela más las placenteras experiencias estéticas del cosmos astral, y no puede ser ya tentado a retornar allí, le es dado permanecer en el mundo causal. Completando en dicho mundo el trabajo de redención respectivo al karma causal, o simientes de deseos pasados, el alma confinada arroja de sí el último de los tres tapones de la ignorancia y, emergiendo de la última celda del cuerpo causal, se funde en el ser Eterno.
»¿Comprendes ahora? —El Maestro sonrió encantadoramente.
—Sí, por conducto de su gracia; estoy mudo de júbilo y gratitud.
Nunca de canción o relato alguno obtuve un conocimiento tan inspirador. Aunque las escrituras hindúes hacen referencia a los mundos astral y causal y a los tres cuerpos del hombre, ¡qué remotas y carentes de sentido me resultaban esas páginas comparadas con la cálida autenticidad de la revelación hecha por mi maestro resucitado! Para él, en verdad, no existía un solo «país desconocido de cuyos linderos ningún viajero regresa»14.
—La compenetración de los tres cuerpos del hombre se expresa de varias maneras a través de su triple naturaleza —continuó mi gran gurú—. En el estado de vigilia sobre la tierra, un ser humano es más o menos consciente de sus tres vehículos. Cuando ejerce sensorialmente las funciones del gusto, olfato, tacto, audición y vista, está actuando principalmente por conducto de su cuerpo físico. Cuando usa su imaginación o su voluntad, está obrando principalmente por medio de su cuerpo astral. Su instrumento causal se manifiesta cuando el hombre está pensando o sumiéndose profundamente en la introspección o en la meditación; los pensamientos cósmicos de los genios se le presentan al hombre que habitualmente establece contacto con su cuerpo causal. En este sentido, un individuo puede ser clasificado en general como: «un hombre material», «un hombre energético» o «un hombre intelectual».
»Un hombre se identifica a sí mismo por espacio de dieciséis horas diarias con su vehículo físico. Después duerme; si sueña, permanece en su cuerpo astral, creando sin esfuerzo cualquier objeto, igual que lo hacen los seres astrales. Si el dormir del hombre es profundo y sin sueños, regocijo—. Únicamente has estado soñando en la tierra; en esa tierra viste mi cuerpo onírico y posteriormente sepultaste esa imagen onírica. En el presente, mi cuerpo, más sutil — este cuerpo que observas y que en este momento abrazas ¡tan estrechamente!—, ha resucitado en otro onírico planeta de Dios, más sutil que éste. Algún día, tanto ese cuerpo onírico como ese planeta onírico más sutiles dejarán de ser; tampoco ellos están hechos para existir por siempre. Todas las burbujas sueños deberán estallar finalmente, ante el toque del despertar definitivo. ¡Yogananda, hijo mío, comprende la diferencia entre sueño y Realidad!
Esta idea vedántica de resurrección me conmovió, dejándome maravillado¹⁵. Me avergoncé de haber compadecido a mi maestro cuando contemplé su cuerpo sin vida en Puri. Por fin, comprendí que mi gurú siempre estuvo completamente despierto en Dios, percibiendo su propia vida y muerte sobre la tierra, y también su presente resurrección, sólo como relatividades de las ideas divinas en el sueño cósmico.
—Te he relatado ahora, Yogananda, las verdades sobre mi vida, muerte y resurrección. No te lamentes por mí; más bien difunde por doquier la historia de mi resurrección del sueño de Dios, constituido por esta tierra de seres humanos; he surgido en otro onírico planeta de Dios, un planeta de almas ataviadas sólo con cuerpos astrales. Una nueva esperanza se infundirá en los corazones de los soñadores de este mundo, locos de dolor y temerosos de la muerte.
—¡Sí, Maestro! —Con cuánto gozo compartiría yo con los demás la alegría de su resurrección.
—En la tierra, el nivel de mis ideales era incómodamente elevado e inadecuado para la naturaleza de la mayoría de los hombres. A menudo te amonesté más de lo necesario. Tú pasaste mi prueba; tu amor brilló a través de las nubes de todas las reprimendas. —Y agregó con ternura—: También he venido hoy para decirte que nunca más tendré una severa mirada de censura; no te reprenderé más.
¡Cuánto había yo echado de menos las amonestaciones de mi gran gurú! Cada una de ellas había sido cual un ángel guardián, prestándome su protección.
—¡Bienamado Maestro, repréndame un millón de veces! ¡Corrígame ahora mismo!
—Ya no te reprenderé más. —Aun cuando su divina voz era grave, había en ella una corriente subterránea de regocijo—. Tú y yo sonreiremos juntos, tanto tiempo como nuestras dos figuras aparezcan desiguales en el divino sueño de maya. Finalmente, nos fundiremos, haciéndonos uno con el Amado La tristeza de su partida se había desvanecido. La compasión y el pesar que me había producido su muerte, y que tanto tiempo perturbaran mi paz, se desvanecieron sumidos en la vergüenza. Una sensación de bienaventuranza se derramó sobre mí, penetrando por los infinitos poros recién abiertos de mi alma; obstruidos por el largo desuso, se abrían ahora purificados por el torrente avasallador del éxtasis. Como en una secuencia cinematográfica, aparecieron ante mi visión interior mis encarnaciones anteriores. El buen y mal karma del pasado se disolvieron en la luz cósmica que la divina visita del Maestro derramó sobre mí.
En este capítulo de mi autobiografía he obedecido los deseos de mi maestro y he esparcido la bendita nueva, aunque ella confunda una vez más a una escéptica generación. El hombre conoce la humillación, y la desesperación raramente está ausente de su ser; no obstante, éstas son perversidades y no pertenecen en verdad al hombre. En el preciso instante en que así lo desee, puede él poner sus pies en el camino de la liberación. Ya ha oído demasiado a los insensibles pesimistas que le advierten que «polvo somos», sin tener en cuenta la índole inconquistable del alma.
Yo no fui el único privilegiado en recibir la visita del Maestro resucitado.
Uno de los discípulos de Sri Yukteswar era una anciana mujer, conocida por el sobrenombre afectuoso de Ma (madre), cuya casa se encontraba cerca de la ermita de Puri. El Maestro solía detenerse a charlar con la mujer durante su paseo matinal. En la tarde del 16 de marzo de 1936, Ma llegó a la ermita y solicitó ver a su Maestro.
—El Maestro murió hace una semana... —El Swami Sebananda, ahora a cargo de la ermita de Puri, miró a la mujer con tristeza.
—¡Eso es imposible! —protestó la mujer, sonriendo.
—No. —Sebananda relató a la mujer los pormenores de la ceremonia fúnebre—. Acompáñeme —dijo a la mujer—, la conduciré al jardín para que vea la tumba de Sri Yukteswar.
Ma movió la cabeza.
—Para él no hay sepulcro. Esta mañana, a las diez, pasó frente a mi casa, en su recorrido usual. Yo hablé con él durante varios minutos, a plena luz del día.
»"Ven esta tarde a la ermita", me dijo.
»Y he venido. ¡Las bendiciones han caído sobre mi pobre cabeza gris! El inmortal maestro quiso que yo comprendiera ¡en qué forma trascendental me visitó esta mañana!
El asombrado Sebananda se arrodilló ante la mujer. —¡Ma! —dijo—. ¡Qué peso me ha quitado usted de encima! ¡El Maestro ha resucitado!
1 En el sahikalpa samādhi el devoto ha progresado espiritualmente hasta alcanzar un estado de divina unión interior, pero le es imposible retener su conciencia cósmica, salvo que se encuentre en el inmóvil estado de trance extático. Por medio de la continua meditación, el devoto alcanza el estado de nirbikalpa samādhi, por medio del cual le es posible moverse libremente en el mundo sin ninguna pérdida de su realización divina.
En nirbikalpa samādhi, el yogui disuelve los últimos vestigios de su karma material o terrenal. Sin embargo, podría tener todavía cierto karma astral y causal que resolver y, por lo tanto, vuelve a encarnarse en las esferas astral y causal, de vibración más elevada.
2 Debido a que la mayoría de las personas, al disfrutar de la belleza de los mundos astrales, no ven ninguna necesidad de realizar arduos esfuerzos espirituales.
3 Sri Yukteswar empleó la palabra prana; yo la he traducido como vitatrones. Las escrituras hindúes se refieren no solamente al anu, átomo, y al paramanu (más allá del átomo), es decir, a energías electrónicas aún más sutiles, sino asimismo al prana, la fuerza vitafrónica creadora. Los átomos y los electrones son fuerzas ciegas; el prana es inherentemente inteligente. Los vitatrones pránicos en
9 «Cuerpo» significa toda jaula o encierro para el alma, ya sea sutil o burda. Los tres cuerpos son jaulas para el Ave del Paraíso.
10 Del mismo modo en que Babaji ayudó a Lahiri Mahasaya a liberarse del deseo subconsciente —procedente de una vida pasada— de tener un palacio, según se describe en el capítulo 34.
11 «Él les respondió: "Donde esté el cuerpo, allí también se reunirán los buitres"» (San Lucas 17:37). Dondequiera que el alma esté encerrada, en el cuerpo físico, en el astral o en el causal, allí estarán los buitres de los deseos, haciendo presa de la debilidad humana relativa a los sentidos —o bien, a los apegos astrales y causales—, manteniendo así al alma cautiva.
12 «Al vencedor le pondré de columna en el Santuario de mi Dios, y ya no saldrá de allí (es decir, no volverá a encarnar) [...]. Concederé al vencedor que se siente conmigo en mi trono, pues yo también, cuando vencí, me senté con mi Padre en su trono» (Apocalipsis 3:12, 21).
13 Sri Yukteswar quería decir que así como en su encarnación terrena había ocasionalmente asumido el peso de la enfermedad para abreviar el karma de sus discípulos, así en el mundo astral su misión como salvador lo capacitaba para asumir parte del karma astral de algunos habitantes de Hiranyaloka, acelerando de este modo su evolución hacia el mundo causal superior.
14 Hamlet, Acto III, Escena 1.
15 La vida y la muerte sólo son relatividades del pensamiento. El Vedanta enseña que Dios es la única Realidad; toda existencia o creación separadas son solamente maya, es decir, ilusión. Esta filosofía monista recibe su más alta expresión en los comentarios realizados por Shankara de los Upanishads.