La madre bengalí y su inefable gozo —Señor, le ruego que no parta usted de la India sin antes conocer a Nirmala Devi. Su santidad es muy elevada; se la conoce en todas partes como Ananda Moyi Ma (Madre saturada de gozo). —Esto me decía mi sobrina Amiyo Bose, mientras me miraba con sincero aire de súplica. —¡Por supuesto! Tengo mucho empeño en conocer a esa santa mujer. —Y agregué—: He leído sobre su gran desenvolvimiento espiritual. Un pequeño artículo acerca de ella apareció hace años en la revista East-West.
—Yo la he visto —Amiyo continuó—, pues ella visitó recientemente la pequeña localidad donde resido, Jamshedpur. Ante las súplicas de un discípulo, Ananda Moyi Ma fue a la casa de un moribundo. Permaneció al lado de la cama del agonizante, y cuando tocó su frente, el estertór de olvidada de su compostura externa como mujer, tenía sólo conciencia de ser un alma inmutable; desde ese plano, ella saludaba gozosamente a otro devoto de Dios. Me condujo de la mano a su automóvil.
—Ananda Moyi Ma, estoy retardando su partida —protesté. —¡Padre, es nuestro primer encuentro en esta vida, después de siglos!¹ —dijo—. Por favor, no se vaya todavía. Nos acomodamos en el asiento trasero del automóvil. La bienaventurada Madre entró en un estado de inmóvil éxtasis. Sus hermosos ojos miraban el cielo, e inmóviles y entreabiertos, sondeaban el lejano y cercano paraíso interno. Los discípulos cantaron suavemente: —¡Victoria a la Madre Divina! Yo había conocido en la India a muchas personas que experimentaban la unión con Dios, pero nunca a una mujer de tan elevada estatura espiritual. Su gentil rostro estaba iluminado con el gozo inefable que le había valido el nombre de Bendita Madre. Largos y negros cabellos caían sueltos tras su cabeza descubierta. Un punto rojo de pasta de sándalo, colocado en su frente, simbolizaba el ojo espiritual, siempre abierto en su interior. Rostro pequeño, manos pequeñas, pies pequeños, ¡qué contraste con su magnitud espiritual!
Hice algunas preguntas a una mujer chela que estaba cerca, mientras Ananda Moyi Ma seguía en trance. —La Bendita Madre viaja constantemente a través de la India. En muchas partes tiene cientos de discípulos —me dijo la mujer—. Sus valerosos esfuerzos han provocado reformas sociales muy deseables. Aunque es brahmin, la santa no reconoce ninguna distinción de castas. Un grupo de nosotros viaja siempre con ella, velando por su comodidad. Tenemos que cuidarla, pues ella casi no cuida su cuerpo. Si no se le ofrecen alimentos, no come ni trata de hacerlo. Aun cuando los alimentos se le pongan enfrente, ni siquiera los toca. Para evitar su desaparición de este mundo, nosotros, sus discípulos, la alimentamos con nuestras propias manos. Durante días enteros permanece en éxtasis, respirando apenas y con la mirada fija. Uno de sus principales discípulos es su esposo, Bholanath. Hace muchos años, poco después del matrimonio, él hizo voto de silencio.