Me ordeno monje de la Orden de los Swamis — Autobiografía de un yogui — Portal de Enseñanzas de SRF
24.Me ordeno monje de la Orden de los Swamis
Paramahansa Yogananda·~11 min
MMe ordeno monje de la Orden de los Swamis
—Maestro, mi padre está ansioso de que yo ocupe un puesto de responsabilidad en el Ferrocarril de Bengala-Nagpur. Pero yo lo he rehusado decididamente. —Y añadí, esperanzado—: Señor, ¿no podría usted hacerme monje de la Orden de los Swamis? —Contemplé implorante a mi maestro. En años anteriores, con el objeto de probar el alcance de mi determinación, él no había querido oír mi súplica. Esta vez, sin embargo, sonrió afablemente.
—Muy bien, mañana te iniciaré en la Orden de los Swamis. —Y prosiguió diciendo con calma—: Mucho me alegro de que hayas persistido en tu deseo de hacerte monje. Lahiri Mahasaya decía con frecuencia: «Si no invitas a Dios para que sea tu huésped de verano, tampoco acudirá en el invierno de tu vida». el mes de julio de 1915, y habían transcurrido pocas semanas desde que recibiera mi título universitario. En un balcón interior de la ermita de Serampore, mi maestro empapó una pieza de seda blanca en una tintura ocre, el color tradicional de la Orden de los Swamis. Después de que la tela se hubo secado, mi maestro me envolvió en ella, a la manera de la túnica del renunciante.
—Algún día irás a Occidente, en donde prefieren la seda —me dijo—. Como símbolo, he elegido para ti esta tela de seda en vez de emplear la de algodón que acostumbramos.
En la India, donde los monjes abrazan el ideal de la pobreza, un swami vestido con túnica de seda es cosa desusada. Sin embargo, muchos yoguis usan prendas de seda, que preserva ciertas corrientes sutiles del cuerpo mejor que el algodón.
—Soy reacio a las ceremonias —me dijo Sri Yukteswar—. Te haré swami en la forma bidwat (sin ceremonias).
Bibidisa, o iniciación formal para recibir el grado de swami, incluye una ceremonia del fuego, durante la cual se llevan a cabo ritos funerarios simbólicos. El cuerpo físico del discípulo se representa como muerto, incinerado en las llamas de la sabiduría. El nuevo swami debe entonces cantar «Este atman es Brahma»³, o «Tú eres Aquello», o «Yo soy Él».
Sri Yukteswar, sin embargo, en su amor por la sencillez, omitió todos los ritos formales y únicamente me pidió que escogiera un nuevo nombre.
—Te concedo el privilegio de que tú mismo lo elijas —me dijo sonriendo.
—Yogananda⁴ —respondí después de pensar un poco. El nombre significa: felicidad (ananda) a través de la unión divina (yoga).
—¡Así sea! Abandonando tu nombre de familia, Mukunda Lal Ghosh, de aquí en adelante serás llamado Yogananda, de la rama Giri de la Orden de los Swamis.
Cuando me arrodillé ante Sri Yukteswar, y le oí por primera vez pronunciar mi nuevo nombre, mi corazón se desbordó de agradecimiento. ¡Con cuánto amor había él trabajado sin descanso para que el muchacho Mukunda se transformara algún día en el monje Yogananda!
Luego, gozosamente canté unos versos del largo canto sánscrito del Señor Shankara⁵:
Ni mente, ni intelecto, ni ego, ni sentimiento;
ni cielo, ni tierra, ni metales soy.
¡Yo soy Él, yo soy Él, Espíritu Bendito, yo soy Él!
Ni nacimiento, ni muerte, ni casta tengo;
padre y madre no los tengo. de la Orden de los Swamis. Estas diez dasanamis o subdenominaciones incluyen la de Giri (montaña), a la cual perteneció Sri Yukteswar y, por lo tanto, yo mismo. Entre las otras ramas están las de Sagara (mar), Bharati (tierra), Aranya (bosque), Puri (terreno), Tirtha (lugar de peregrinación) y Saraswati (sabiduría de la naturaleza).
El nuevo nombre que recibe un swami, que generalmente termina en ananda (bienaventuranza suprema), representa su aspiración de alcanzar la liberación por medio de un sendero, cualidad o estado divino particulares (amor, sabiduría, discernimiento, devoción, servicio, yoga). La subdenominación indica armonía con la naturaleza.
El ideal de servicio desinteresado a toda la humanidad, y de renunciación a lazos y ambiciones personales, conduce a la mayoría de los swamis a tomar parte muy activa en obras humanitarias y educativas en la India, y en ocasiones en el extranjero. Haciendo caso omiso de los prejuicios de casta, credo, clase, color, sexo o raza, un swami sigue los preceptos de la hermandad humana. Su meta es la unidad absoluta con el Espíritu. Ya esté dormido o despierto, en su conciencia se halla hondamente impreso el pensamiento de «yo soy Él»; y es así como transita apaciblemente por el mundo, sin pertenecer a él. Sólo en esta forma puede un swami justificar su título, el cual significa: «aquel que busca alcanzar la unión con el Swa o Ser».
Sri Yukteswar era tanto un swami como un yogui. Un swami, formalmente un monje en virtud de su vínculo con la venerable Orden, no es siempre un yogui. Cualquiera que practique una técnica científica para establecer contacto directo con Dios es un yogui, ya sea casado o soltero, laico o que posea lazos religiosos formales.
Un swami puede seguir únicamente, si quiere, el sendero del árido razonamiento y de la fría renunciación; pero un yogui se ejercita a sí mismo en un definido procedimiento, por medio del cual la mente y el cuerpo son disciplinados, paso a paso, y el alma es liberada gradualmente. Sin presuponer ni dar nada por sentado en el terreno emocional, o por la fe, el yogui practica una serie de ejercicios de eficacia bien comprobada que fueron originalmente delineados por los antiguos rishis. El yoga ha producido, en todas las épocas de la India, hombres que han hallado la absoluta liberación, verdaderos Yoguis-Cristos.
Lo mismo que cualquier otra ciencia, el yoga es aplicable a los individuos de todos los climas y tiempos. La teoría propalada por ciertos escritores ignorantes en el sentido de que el yoga es «peligroso» e «inadecuado» para los
Entre los seis sistemas, los Upanishads consideran que los Yoga Sutras contienen los métodos más eficaces para alcanzar la percepción directa de la verdad. A través de las prácticas técnicas del yoga, el hombre abandona para siempre los reinos limitados de la especulación y conoce por medio de su propia experiencia la verdadera Esencia.
El sistema yoga descrito por Patanjali se conoce como el Óctuple Sendero⁹. Los primeros pasos o grados son 1) yama (conducta moral) y 2) niyama (preceptos religiosos). Yama exige evitar las ofensas a los demás, la falsedad, el hurto, la inmoderación y la codicia. Niyama prescribe la pureza de cuerpo y mente, el contentamiento en toda circunstancia, la autodisciplina, el autoestudio (contemplación) y la devoción a Dios y al gurú.
Los siguientes pasos o grados son: 3) asana (postura correcta): la columna vertebral debe conservarse erguida y el cuerpo firme, en posición cómoda, para la meditación; 4) pranayama (el control de prana, las sutiles corrientes vitales); y 5) pratyahara (retiro de los sentidos de los objetos externos).
Los últimos pasos constituyen el yoga propiamente tal: 6) dharana (concentración, fijar la mente en un solo pensamiento); 7) dhyana (meditación); y 8) samadhi (percepción supraconsciente). Éste es el Óctuple Sendero del yoga que conduce a la meta final del Kaivalya (el Absoluto), en el cual el yogui percibe la Verdad que está más allá de toda comprensión intelectual.
«¿Cuál es más grande —puede uno preguntarse—, un swami o un yogui?». Siempre y cuando se alcance la unión con Dios, la diferencia entre los diversos senderos desaparece. Sin embargo, el Bhagavad Guita indica que los métodos del yoga lo abarcan todo. Sus técnicas no están indicadas únicamente para ciertos tipos y temperamentos, tales como aquellos pocos que se inclinan a la vida monástica; el yoga no requiere ninguna afiliación formal. La ciencia del yoga satisface una necesidad universal, y por ello despierta un natural interés universal.
Un verdadero yogui puede permanecer cumpliendo con sus deberes en el mundo; allí se mantendrá como la mantequilla en el agua. Sin embargo, la indisciplinada humanidad se asemeja a la leche que no ha sido batida y que se diluye fácilmente en el agua en lugar de flotar sobre ella. El cumplimiento de sus responsabilidades no tiene por qué separar al hombre de Dios, con tal que el ser humano mantenga una actitud completamente desinteresada respecto de sus deseos egoístas y desempeñe su papel en la vida como un instrumento en manos de Dios. toda novedad y de la fascinación que ejerce lo que sólo se comprende a medias, hay excelentes razones para que el yoga tenga muchos adeptos: en primer lugar, brinda la posibilidad de contar con experiencias sujetas a control, satisfaciendo así la necesidad científica de disponer de "hechos"; además, en virtud de su amplitud y profundidad, su venerable antigüedad, su doctrina y método que comprenden todos los aspectos de la vida, ofrece un mundo de posibilidades jamás soñadas.
»Toda religión o práctica filosófica presupone una disciplina psicológica, es decir, un método de higiene mental. Los múltiples procedimientos puramente físicos del yoga¹¹ implican también una higiene fisiológica que es muy superior a la gimnasia ordinaria y a los ejercicios respiratorios comunes, ya que no es únicamente mecánica y científica, sino también filosófica; al entrenar las diferentes partes del cuerpo, las reúne en un todo espiritual, como se aprecia, por ejemplo, en los ejercicios del pranayama, en donde prana es simultáneamente el aliento y la dinámica universal del cosmos. [...]
»La práctica del yoga [...] sería ineficaz sin la aplicación de los conceptos en que éste se basa. El yoga combina lo corporal y lo espiritual en forma extraordinariamente completa. »En Oriente, en donde estas ideas y prácticas se han desarrollado, y en donde miles de años de tradición no interrumpida han creado las bases espirituales necesarias, el yoga es, según creo, el método perfecto y apropiado para fundir mente y cuerpo, integrándolos en una unidad incuestionable. Esta unidad crea una disposición psicológica que hace posible experimentar intuiciones que trascienden la conciencia ordinaria».
Se aproxima para Occidente el día en que la ciencia interna del dominio de uno mismo sea tan necesaria como la conquista de la naturaleza exterior. La Era Atómica hallará la mente del hombre más sobria y ampliada por la ahora científicamente indisputable verdad de que la materia es, en realidad, energía concentrada. La mente humana puede y debe poner en acción dentro de sí energías más grandes que aquellas encerradas en piedras y metales, sin lo cual el gigante atómico material recientemente desencadenado convertirá el mundo en una pesadilla de destrucción desenfrenada.
Quizá pueda derivarse un beneficio indirecto de la preocupación de la humanidad por las bombas atómicas: un creciente interés práctico en la ciencia del yoga¹², la cual es, ciertamente, un «refugio a prueba de bombas».
SRI SHANKARACHARYA EN LA SEDE CENTRAL DE SRF/YSS
Sri Jagadgurú Shankaracharya Bharati Krishna Tirtha de Puri (India), en la Sede Internacional de Self-Realization Fellowship, en Los Ángeles (fundada en 1925 por Paramahansa Yogananda). El ilustre director de la Orden de los Swamis realizó una visita de tres meses a Estados Unidos en 1958, bajo los auspicios de SRF. Fue ésta la primera ocasión, en la historia de la antigua Orden de los Swamis, en que un Shankaracharya viajó a Occidente.
7 «Chitta vritti nirodha» (Yoga Sutras I:2), que puede ser traducido también como «cesación de las modificaciones de la sustancia mental». Chitta es un término amplio usado para designar el principio del pensamiento, que incluye, además, las energías pránicas vitales, manas (mente o conciencia de los sentidos), ahamkara (egoísmo) y buddhi (inteligencia intuitiva). Vritti (literalmente «remolino») se refiere al incesante ir y venir de las olas de pensamientos y emociones que surgen en la conciencia del ser humano. Nirodha significa neutralización, cesación, control.
8 Los seis sistemas ortodoxos basados en los Vedas son Sankhya, Yoga, Vedanta, Mimamsa, Nyaya y Vaisesika. Los lectores de tendencias intelectuales obtendrán un verdadero placer en la sutileza y amplitud de estos antiguos aforismos en la forma en que han sido resumidos en inglés (A History of Indian Philosophy, Vol. I) por el profesor Surendranath Dasgupta (Cambridge University Press).
9 No debe confundirse con el Noble Óctuple Sendero del Budismo, una guía para la conducta humana, cuyas normas son: 1) ideales correctos; 2) motivos correctos; 3) lenguaje correcto; 4) acción correcta; 5) medios de vida correctos; 6) esfuerzo correcto; 7) memoria correcta (recuerdo del Ser), y 8) correcta percepción divina (samadhi).
10 El doctor Jung asistió al Congreso de Ciencias de la India, en 1937, y recibió un título honorífico de la Universidad de Calcuta.
Al igual que los otros cinco sistemas ortodoxos de filosofía (basados en los Vedas), los Yoga Sutras consideran que la «magia» de la pureza moral (los «diez mandamientos» de yama y niyama) son un requisito preliminar indispensable para una válida investigación filosófica. Esta exigencia personal, que no suele ser enfatizada en Occidente, ha otorgado una vitalidad duradera a las seis disciplinas hindúes. El orden cósmico (rita) que sostiene el universo no difiere del orden moral que gobierna el destino del hombre. Quién no se halla dispuesto a observar los preceptos morales universales tampoco cuenta con una seria determinación de buscar la verdad.
La sección III de los Yoga Sutras menciona los distintos poderes yóguicos milagrosos (vibhutis y siddhis). El verdadero conocimiento siempre es poder. El sendero del yoga está dividido en cuatro etapas, cada una de las cuales cuenta con una expresión determinada de alguno de los vibhutis. Al adquirir un poder determinado, el yogui tiene la seguridad de haber pasado exitosamente las pruebas de una de las cuatro etapas. La aparición de los poderes característicos es evidencia de la estructura científica del sistema del yoga, en el cual se dejan de lado las ilusiones o fantasías con respecto al «progreso espiritual» del devoto y se exige, en cambio, una comprobación.
Patanjali advierte al devoto que la única meta debe ser la unidad con el Espíritu, y no el adquirir vibhutis, pues estos poderes son tan sólo flores incidentales que se encuentran a lo largo del sagrado sendero. ¡Pueda el devoto buscar al Eterno Dador, y no sus dones fenoménicos! En verdad, Dios no se revela a buscadores que se satisfacen con logros inferiores. Por este motivo, el yogui que se esfuerza por avanzar en su sendero se cuida de no utilizar sus poderes fenoménicos, pues ellos podrían dar origen a un sentimiento de falso orgullo y, distrayendo su atención, impedir que penetre en el estado final de unión divina o Kaivalya.
Cuando el yogui ha alcanzado la meta infinita, él puede hacer uso o no de sus vibhutis, según lo desee. No obstante, sus acciones, sean milagrosas o no, se encontrarán libres de todo lazo kármico. Las limaduras de hierro del karma son atraídas únicamente donde aún existe el imán del ego individual.