La materialización de un palacio en el Himalaya — Autobiografía de un yogui — Portal de Enseñanzas de SRF
34.La materialización de un palacio en el Himalaya
Paramahansa Yogananda·~14 min
LLa materialización de un palacio en el Himalaya
—El primer encuentro de Babaji con Lahiri Mahasaya constituye una historia realmente fascinante, y es una de las pocas que nos ofrece una vislumbre detallada del inmortal gurú.
Estas palabras sirvieron de preámbulo a Swami Kebalananda para narrar un relato maravilloso. La primera vez que lo refirió, yo estaba literalmente hechizado. En muchas otras ocasiones, induje a mi gentil instructor de sánscrito a repetir la historia que más tarde me fue contada, sustancialmente en las mismas palabras, por Sri Yukteswar. Ambos discípulos de Lahiri Mahasaya habían escuchado el extraordinario relato directamente de los labios de su gurú. los bordes rocosos, un hombre joven y sonriente extendía la mano en señal de bienvenida. Noté con asombro que, a excepción de su cabello cobrizo, el joven era en extremo parecido a mí.
—Lahiri³, ¡has venido! —El santo me hablaba afectuosamente en hindī—. Descansa en esta cueva; fui yo quien te llamó.
Entré en una pequeña gruta que contenía varias mantas de lana y algunos kamandalus (cuencos para el agua).
—Lahiri, ¿no recuerdas ese asiento? —El yogui señaló una manta doblada que se hallaba en un rincón.
—No señor. —Algo turbado por lo extraño de mi aventura, agregué—: Debo irme antes de que caiga la noche. Debo trabajar mañana en la oficina.
El misterioso santo replicó en inglés:
—La oficina fue creada para ti, y no tú para la oficina.
Me asombró que este asceta del bosque no solamente hablara en inglés, sino que, además, parafraseara las palabras de Cristo⁴.
—Veo que mi telegrama surtió efecto. —La observación del yogui era incomprensible para mí; le pregunté por su significado. —Me refiero al telegrama que te trajo a estas desoladas regiones. Fui yo quien silenciosamente sugirió en la mente de tu superior que fueras trasladado a Ranikhet. Cuando uno siente su unidad con los seres humanos, todas las mentes se convierten en estaciones transmisoras a través de las cuales es posible trabajar a voluntad. —Luego, el santo agregó—: Lahiri, ¿estás seguro de que esta caverna no te es de ningún modo familiar?
Como yo guardara silencio, perplejo, el santo se acercó y me dio un suave golpe en la frente. Bajo este toque magnético, una caudalosa corriente atravesó mi cerebro, liberando los dulces recuerdos de mi existencia anterior.
—¡Ahora recuerdo! —Mi voz estaba casi ahogada por los sollozos de alegría—. ¡Tú eres mi gurú Babaji, que desde siempre me ha pertenecido! Muchas escenas del pasado se presentan en mi mente; aquí mismo, en esta caverna, pasé muchos años de mi anterior encarnación. —Mientras me abrumaban las inefables memorias, abracé, con los ojos llenos de lágrimas, los pies de mi maestro.
—¡Durante más de tres décadas he esperado que regresaras a mí! —La voz de Babaji estaba henchida de amor celestial—. Te desvaneciste en las tumultuosas olas de la vida más allá de la muerte. La varita mágica de tu karma te tocó, y inmortal? —Largo tiempo contemplé, extático, mi tesoro eterno, mi gurú en la vida y en la muerte.
—Lahiri, necesitas purificación. Bebe el aceite de este cuenco y recuéstate a la orilla del río. —Con una rápida sonrisa de reminiscencia, reflexioné en que la sabiduría práctica de Babaji siempre era oportuna.
Obedecí sus instrucciones. Aun cuando la helada noche del Himalaya comenzaba a descender sobre nosotros, yo sentía que en mi cuerpo pulsaba un grato calor, una confortante radiación interior. Me encontraba maravillado. ¿Estaba aquel desconocido aceite impregnado de un calor cósmico?
En la oscuridad, fieros vientos se arremolinaban en torno a mí, ululando desafiantes. Las frías aguas del río Gogash golpeaban a intervalos contra mi cuerpo, tendido en la ribera rocosa. Escuchaba el rugir de los tigres, que rondaban no lejos de allí, pero no había miedo en mi corazón. La radiante fuerza recientemente generada en mí se traducía en un sentimiento de inexpugnable protección. Varias horas pasaron con prontitud; los desvanecidos recuerdos de una existencia pasada se entretejían con las brillantes circunstancias actuales en que me reunía con mi divino gurú.
Mis solitarias meditaciones fueron interrumpidas por el sonido de unos pasos que se acercaban. En la oscuridad, sentí que la mano de un hombre me ayudaba gentilmente a ponerme de pie y me daba ropas secas.
—Ven, hermano —dijo el recién llegado—. El Maestro te espera.
Mi guía me condujo a través del bosque. Al doblar un recodo en la senda, la sombría noche fue súbitamente iluminada por un fulgor distante.
—¿Es eso la aurora? —pregunté—. Seguramente no ha transcurrido aún la noche entera.
—Es la medianoche —rió dulcemente mi compañero—. Aquella luz es el resplandor de un palacio de oro, materializado aquí esta noche por el incomparable Babaji. En un distante pasado, tú expresaste cierta vez el deseo de disfrutar de la belleza de un palacio. Nuestro maestro satisface ahora tu deseo, liberándote así de los últimos lazos de tu karma⁵. —Luego, mi guía añadió—: El magnífico palacio será el escenario de tu iniciación en Kriya Yoga esta noche. Todos tus hermanos aquí presentes se unen en un himno de bienvenida y en el regocijo del fin de tu exilio. ¡Mira!
Un vasto palacio de oro deslumbrante se erigía ante nosotros. Decorado con incontables joyas y situado en realidad, nada hay de inexplicable en esta materialización. Todo el cosmos es una proyección del pensamiento del Creador. Nuestra misma tierra, este planeta que flota en el espacio, es un sueño de Dios. Él creó todas las cosas, extrayéndolas de su mente, lo mismo que el hombre, en la conciencia onírica, puede reproducir y vivificar una creación con sus criaturas.
»Primeramente, el Señor creó la tierra como una idea. Luego, aceleró su proceso; la energía y después la materia fueron creadas. Él coordinó los átomos en la forma de esta esfera sólida. Todas sus moléculas están unidas por la voluntad de Dios. Cuando Él así lo desee, la tierra volverá a desintegrarse en energía. La energía, a su vez, regresará a su fuente: la conciencia. La idea tierra desaparecerá de la objetividad.
»La sustancia de un sueño se mantiene cristalizada gracias al pensamiento subconsciente del soñador. Cuando el pensamiento cohesivo desaparece al despertar, el sueño y sus elementos se disuelven. Un hombre cierra los ojos y erige una creación onírica que, al despertar, desmaterializa sin esfuerzo alguno de su parte. De este modo, sigue el patrón y arquetipo divinos. Similarmente, cuando despierta a la conciencia cósmica, desmaterializa sin esfuerzo las ilusiones del sueño cósmico.
»Siendo uno con la todopoderosa Voluntad, Babaji tiene dominio sobre los átomos elementales, y puede hacer que se combinen y manifiesten para asumir cualquier forma. Este palacio de oro, creado instantáneamente, es real, en el mismo sentido en que la tierra es real. Babaji creó esta hermosa mansión con su mente y mantiene unidos sus átomos por el poder de su voluntad, exactamente como Dios creó esta tierra con su pensamiento y su voluntad la mantiene. —Luego, mi guía añadió—: Cuando esta estructura haya cumplido su propósito, Babaji la desmaterializará de nuevo.
Mientras yo permanecía silencioso y lleno de reverente admiración, mi guía hizo un amplio gesto descriptivo.
—Este palacio tan bello, tan soberbiamente decorado de joyas, no ha sido construido por el esfuerzo humano, ni con oro o gemas laboriosamente extraídas de las minas. Se yergue sólidamente como un reto monumental al hombre⁶. Quien se perciba como un hijo de Dios, como lo ha hecho Babaji, puede alcanzar cualquier meta por medio de los poderes infinitos que existen latentes en su interior. Una simple piedra encierra en sí misma el secreto de una prodigiosa energía atómica⁷; del
—Lahiri, ¿aún te estás deleitando con tu onírico deseo de un palacio de oro? —Los ojos de mi gurú brillaban como los zafiros—. ¡Despierta! Todos tus deseos terrenos están a punto de satisfacerse para siempre. —Murmuró unas palabras místicas de bendición—. Hijo mío, levántate. Recibe tu iniciación en el reino de Dios, por medio del Kriya Yoga.
Babaji extendió la mano; un fuego de homa (fuego sacrificial) apareció súbitamente, rodeado de frutos y flores. Yo recibí la técnica yoga de liberación ante ese ardiente altar.
Los ritos se completaron cuando comenzaba a nacer el día. Yo no experimentaba ninguna necesidad de dormir en mi estado de éxtasis; y vagaba por el palacio, lleno por todos lados de tesoros y de inapreciables objetos de arte. Paseando por los jardines, descubrí las mismas cavernas y las mismas mesetas rocosas que el día anterior no tenían adyacencia con ningún palacio ni con ninguna florida terraza.
Penetrando de nuevo en el palacio, que relucía fabulosamente bajo el frío sol del Himalaya, busqué la presencia de mi maestro. Él se encontraba aún en el trono, rodeado de varios discípulos silenciosos.
—Lahiri, tú tienes hambre —dijo Babaji—; ¡cierra los ojos! Cuando después de obedecerle los abrí de nuevo, el encantador palacio y sus jardines habían desaparecido. Mi propia forma física y las de Babaji y los discípulos se hallaban sentadas en la tierra desnuda en el sitio exacto donde estuvo ubicado el desvanecido palacio, no lejos de las entradas de las grutas iluminadas por el sol. Recordé que mi guía me había advertido que el palacio sería desmaterializado y sus átomos cautivos liberados de nuevo a las esencias de pensamiento de las cuales habían brotado. Aun cuando estaba sorprendido, miré confiadamente a mi maestro; ya no sabía qué sería lo próximo que viera en este día de milagros.
—El propósito para el cual fue creado el palacio se ha cumplido —explicó Babaji. Levantó del suelo una vasija de barro y me dijo—: Pon ahí la mano y recibe la comida que desees.
Toqué el ancho y vacío recipiente, y aparecieron en él luchis fritos en mantequilla, curry y confituras. Mientras comía, observé que el cuenco permanecía siempre lleno. Cuando terminó la comida, busqué a mi alrededor el agua. El gurú señaló el cuenco que se hallaba ante mí; la comida se había desvanecido y, en su lugar, se encontraba el agua.
—Pocos son los mortales que comprenden que el reino de Dios incluye el reino de las satisfacciones mundanas —observó Babaji—. El reino divino se extiende al terrenal,
—Hijo mío —dijo Babaji, abrazándome—, tu papel en esta encarnación debe desarrollarse ante las miradas de la multitud. Bendecido desde antes de tu nacimiento por muchas vidas de meditación solitaria, ahora debes mezclarte en el mundo de los demás seres humanos.
»Un profundo propósito descansa bajo el hecho de que en esta encarnación tú no me hayas encontrado sino hasta ser un hombre casado y con modestas responsabilidades mundanas que cumplir. Debes hacer a un lado tus pensamientos de unirte a nuestro grupo secreto del Himalaya; tu vida debe desarrollarse en medio de las masas de la ciudad, sirviendo como ejemplo de un jefe de familia y yogui ideal.
»El clamor de muchas personas del mundo, perdidas y desconcertadas, jamás ha dejado de ser oído por las grandes almas —continuó mi maestro—. Has sido elegido para brindar solaz espiritual, por medio del Kriya Yoga, a gran cantidad de seres que buscan sinceramente la verdad. Los millones de hombres que se encuentran atados con los lazos de familia y las pesadas labores del mundo recobrarán el ánimo por medio de tu ejemplo, ya que eres un jefe de familia, como ellos. Debes guiarlos para que comprendan que los más elevados logros del yoga no están vedados al hombre de familia. Aun dentro del mundo, el yogui que cumple fielmente con sus responsabilidades, sin miras personales ni apego alguno, recorre el verdadero camino de la liberación.
»Ninguna necesidad te obliga a abandonar el mundo, ya que interiormente has vencido todos los lazos del karma. Sin ser de este mundo, debes, no obstante, permanecer en él. Por muchos años habrás de cumplir concienzudamente con tus deberes familiares, sociales, cívicos y espirituales. Un dulce y nuevo aliento de divina esperanza penetrará los áridos corazones de los hombres mundanos. Observando tu equilibrada vida, comprenderán que la liberación depende más de la renunciación interior que de la externa.
¡Qué remotos me parecían mi familia, la oficina, el mundo entero, según escuchaba a mi maestro en las solitarias alturas del Himalaya! No obstante, la verdad diamantina impregnaba todas sus palabras; convine humildemente en abandonar aquel cielo de bendita paz. Babaji me instruyó en las antiguas y rígidas reglas que rigen la comunicación de la técnica yoga de gurú a discípulo.
—Instruye en las claves de Kriya sólo a chelas capaces —dijo Babaji—. Aquel que jura sacrificarlo todo en su búsqueda de la Divinidad está preparado para descubrir los misterios finales de la vida por medio de la ciencia de la meditación.
Cuando a la mañana siguiente me arrodillé a los pies de mi gurú para recibir su bendición de despedida, él percibió mi profunda renuencia a abandonarle.
—No hay separación entre nosotros, hijo mío. —Tocó mi hombro afectuosamente—. Estés donde estés, cuandoquiera que me llames, acudiré a tu lado instantáneamente.
Consolado por su maravillosa promesa, y enriquecido con el oro recién hallado del conocimiento de Dios, descendí de la montaña. En la oficina fui recibido por mis compañeros de trabajo, quienes, por espacio de diez días, me creyeron perdido en los bosques del Himalaya. Muy pronto llegó una carta de la oficina principal.
—Lahiri debe regresar a las oficinas de Danapur —decía la carta—. Su traslado a Ranikhet se debió a un error. Es a otra persona a quien corresponde desempeñar el trabajo en Ranikhet.
Yo sonreí, reflexionando sobre las ocultas corrientes de los hechos que me habían conducido a este remoto punto de la India.
Antes de regresar a Danapur¹¹, pasé unos días con una familia bengalí en Moradabad. Un grupo de seis amigos se reunió para saludarme. Al dirigir yo la conversación hacia asuntos espirituales, mi anfitrión observó sombríamente:
—¡Oh, en estos tiempos ya no existen santos en la India!
—Babu —protesté con vehemencia—, ¡claro que aún hay grandes maestros en esta tierra!
En un estado de ánimo de exaltado fervor, me sentí impelido a relatar mis milagrosas experiencias en el Himalaya. La pequeña concurrencia se mostraba cortésmente incrédula.
—Lahiri —me dijo uno de los del grupo, consoladoramente—, su mente debe haberse hallado bajo una gran tensión en el aire rarificado de esas montañas. Posiblemente lo que nos ha contado se trate de un sueño...
Ardiendo con el entusiasmo de la verdad, hablé sin la debida reflexión:
—Si yo le llamo, mi gurú aparecerá aquí mismo, en esta casa.
El interés brilló en todos los ojos; no era de admirarse que el grupo entero se mostrara ansioso de ver tal fenómeno. No de muy buen grado, pedí una habitación tranquila y dos mantas nuevas de lana.
—El Maestro se materializará del éter —dije—. Permanezcan en silencio fuera de la puerta; los llamaré pronto. ahora en adelante, hijo mío, vendré cuando me necesites, no siempre cuando me llames¹².
Un silencio pleno de tensión reinaba en el reducido grupo cuando yo abrí la puerta. Como si no pudieran dar crédito a sus sentidos, mis amigos miraban la luminosa figura sentada en la manta.
—¡Esto es hipnotismo colectivo! —rió uno de los presentes ostentosamente—. ¡Nadie hubiera podido entrar en esta habitación sin que nosotros lo viésemos!
Babaji avanzó sonriente e indicó a cada uno que tocase la tibia y sólida carne de su cuerpo. Las dudas se desvanecieron y mis amigos maravillados se postraron en el suelo, arrepentidos.
—Que se prepare halua¹³. —Comprendí que Babaji hizo esta petición con el fin de que los presentes terminaran de convencerse de su realidad física. Mientras el cocimiento hervía, el divino gurú charló afablemente. Grande fue la metamorfosis de estos incrédulos «Tomases» que se convirtieron instantáneamente en devotos «Pablos». Después de que hubimos comido, Babaji nos bendijo a cada uno de nosotros individualmente. Luego, todos fuimos testigos de la instantánea descomposición de los elementos electrónicos del cuerpo de Babaji, el cual, tras un súbito destello, se transformó en una luz vaporosa que se difundió por la estancia. El poder de voluntad del Maestro, armonizado con la Voluntad Divina, había liberado los átomos etéreos que momentos antes constituyeran su cuerpo; los billones de diminutos vitatrones se desvanecieron en el reservorio infinito.
—Con mis propios ojos he visto al conquistador de la muerte —Maitra¹⁴, uno de los del grupo, habló reverentemente. Su rostro se encontraba transfigurado con la alegría de su reciente despertar—. El supremo gurú jugó con el tiempo y el espacio del mismo modo que un niño juega con burbujas de jabón. He conocido a alguien que posee las llaves del cielo y de la tierra.
—Muy pronto regresé a Danapur —concluyó Lahiri Mahasaya—. Firmemente anclado en el Espíritu, reasumí mis diversas obligaciones familiares y sociales como jefe de familia.
Lahiri Mahasaya relató asimismo a Swami Kebalananda y a Sri Yukteswar la historia de otro encuentro con Babaji. Ésta fue una de las múltiples ocasiones en las cuales el supremo gurú cumplió su promesa: «Vendré cuando me necesites».
—La escena tuvo lugar en una Kumbha Mela, en Allahabad —dijo Lahiri Mahasaya a sus discípulos—. Yo me hallaba allí
1 Posteriormente, un sanatorio militar. En 1861, el gobierno británico había ya establecido un sistema telegráfico en la India.
2 Ranikhet, en el distrito de Almora, está situado al pie del Nanda Devi, una de las más altas cumbres del Himalaya (7.821 metros).
3 En realidad, Babaji dijo «Gangadhar», el nombre por el que Lahiri Mahasaya había sido conocido en su encarnación previa. Gangadhar (literalmente, «aquel que sujeta a Ganga, el río Ganges») es uno de los nombres del Señor Shiva. De acuerdo con la leyenda puránica, el sagrado río Ganga descendió del cielo. Ante la posibilidad de que la tierra fuera incapaz de soportar la fuerza de este poderoso descenso, el Señor Shiva atrapó las aguas del Ganga entre sus enmarañados cabellos, desde donde los liberó en forma de una corriente benigna. El significado metafísico de «Gangadhar» es: «aquel que ha adquirido control sobre el "río" de la corriente vital que circula por la espina dorsal».
4 «El sábado ha sido instituido para el hombre, y no el hombre para el sábado» (San Marcos 2:27).
5 La ley del karma requiere que todo deseo humano encuentre satisfacción final. De este modo, los deseos no espirituales constituyen la cadena que sujeta al hombre a la rueda de las reencarnaciones.
6 «¿Qué es un milagro? Es un reproche, es una sátira implícita hecha a la humanidad» (Edward Young en Night Thoughts).
7 La teoría de la estructura atómica de la materia fue expuesta en los antiguos tratados hindúes Vaisesika y Nyaya. «Existen vastos mundos colocados entre las cavidades de cada átomo, múltiples como las motas de polvo en un rayo de sol» (Yoga Vasishtha).
8 Los sufrimientos físicos, mentales y espirituales, que se manifiestan, respectivamente, como enfermedad, anomalías psicológicas o «complejos», e ignorancia espiritual.
9 Al principio, Babaji le dio autorización tan sólo a Lahiri Mahasaya para enseñar Kriya Yoga a otras personas. Luego, el Yogavatar pidió que algunos de sus discípulos fuesen facultados también para impartir Kriya. Babaji dio su consentimiento y decretó que la enseñanza de Kriya fuese restringida, en el futuro, a quienes estuvieran avanzados en el sendero de Kriya y hubiesen recibido la aprobación de Lahiri Mahasaya o de los canales establecidos por los discípulos autorizados del Yogavatar. De manera compasiva, Babaji prometió asumir, vida tras vida, la responsabilidad de velar por el bienestar espiritual de todos los fervientes y leales kriya yoguis que hubieran sido iniciados por instructores de Kriya debidamente autorizados.
A quienes se inician en Kriya Yoga a través de Self-Realization Fellowship y Yogoda Satsanga Society of India se les solicita que firmen un compromiso indicando que no revelarán la técnica de Kriya a otras personas. De este modo, la sencilla pero precisa técnica de Kriya queda protegida de los cambios y distorsiones que pudieran introducir instructores no autorizados, y se preserva incorrupta en su forma original. que el divino gurú Krishna disciplina a Arjuna, el príncipe de los devotos.