LLa ciencia del Kriya Yoga
La ciencia del Kriya Yoga, mencionada con tanta frecuencia en estas páginas, llegó a ser ampliamente conocida en la India moderna a través de las enseñanzas de Lahiri Mahasaya, gurú de mi gurú. La raíz sánscrita de kriya es kri, que significa «hacer», «actuar», «reaccionar»; encontramos la misma raíz en la palabra karma, el principio natural de causa y efecto. Así, Kriya Yoga significa: «unión (yoga) con el Infinito por medio de cierta acción o rito (kriya)». El yogui que sigue fielmente esta técnica se ve gradualmente liberado de su karma, esto es, de la justa cadena de equilibrios entre causas y efectos.
Debido a ciertas antiguas restricciones del yoga, no me es posible dar una explicación detallada del Kriya Yoga en un libro destinado al público en general. La técnica debe de la misma ciencia que Krishna dio a Arjuna hace miles de años, la cual fue conocida posteriormente por Patanjali, Cristo, San Juan, San Pablo y otros discípulos.
Krishna, el profeta más grande de la India, hace referencia al Kriya Yoga en dos estrofas del Bhagavad Guita. Una estrofa dice: «Ofreciendo el aliento inhalado en aquel aliento que se exhala, y ofreciendo el aliento que se exhala en aquel que se inhala, el yogui neutraliza estos dos alientos; de este modo libera el prana del corazón y pone la energía vital bajo su control»². La interpretación de este pasaje es la siguiente: «Al calmar la actividad de los pulmones y del corazón, el yogui obtiene una provisión adicional de prana (energía vital), la cual le permite detener el desgaste del cuerpo. Asimismo, mediante el control de apana (la corriente de eliminación), contrarresta él los cambios causados por el crecimiento en el cuerpo. De este modo, al neutralizar el envejecimiento y crecimiento de los tejidos, el yogui aprende a controlar la energía vital».
Otra estrofa del Guita dice: «El hombre adiestrado en la meditación (muni) llega a ser eternamente libre cuando, al buscar la Suprema Meta, logra retirarse de las distracciones externas —fijando su mirada en el interior, a nivel del entrecejo, y neutralizando las corrientes de prana y apana que fluyen en la nariz y los pulmones— y puede controlar su mente sensoria y su intelecto, y desterrar el deseo, el temor y la ira»³.
Krishna afirma⁴ también que fue él quien, en una encarnación anterior, comunicó el indestructible yoga a un antiguo iluminado llamado Vivasvat, quien luego lo pasó a Manu, el gran legislador⁵. Éste, a su vez, instruyó a Ikshwaku, el fundador de la dinastía guerrera solar de la India. Pasando así de uno a otro, el yoga real fue guardado por los rishis, hasta la llegada de la era materialista⁶. Entonces, debido a la reserva sacerdotal y a la indiferencia de los hombres, el conocimiento sagrado gradualmente llegó a ser inaccesible.
Kriya Yoga es mencionado dos veces por el antiguo sabio Patanjali, el más destacado exponente del yoga, quien escribió: «Kriya Yoga consiste en la disciplina física, el control mental y meditar en Om»⁷. Patanjali habla de Dios como el real Sonido Cósmico de Om que se escucha en la meditación⁸. Om es la Palabra Creadora⁹, el sonido del Motor Vibratorio, el testigo de la Divina Presencia. Incluso el principiante en yoga puede oír muy pronto en su interior el maravilloso sonido de Om. Recibiendo este bendito estímulo espiritual, el devoto llega a adquirir la certeza de que está en verdadero contacto con los reinos sobrenaturales. hacia estados espirituales más elevados (nirbikalpa samadhi), comulga con Dios sin presentar rigidez del cuerpo, y en un estado de conciencia normal, aun hallándose en medio del torbellino de sus deberes mundanos¹².
«Kriya Yoga es un instrumento por medio del cual la evolución humana puede ser acelerada —solía decir Sri Yukteswar a sus discípulos—. Los antiguos yoguis descubrieron que el secreto de la conciencia cósmica está íntimamente ligado con el dominio de la respiración. Ésta es una contribución inmortal e incomparable que la India ofrece al caudal de los conocimientos humanos. La energía vital, que generalmente es absorbida en el mantenimiento de la actividad del corazón, debe ser liberada en favor de actividades superiores, empleando el método de calmar y silenciar las demandas ininterrumpidas de la respiración».
El kriya yogui dirige mentalmente su energía vital, haciéndola ascender y descender alrededor de los seis centros espinales (medular, cervical, dorsal, lumbar, sacro y coccígeo), los cuales corresponden a los doce signos astrales del Zodíaco, el Hombre Cósmico simbólico. Con medio minuto que la energía revolucione alrededor del sensitivo cordón de la espina dorsal del hombre, se efectúa un sutil avance en su evolución; ese medio minuto de Kriya equivale a un año de desarrollo espiritual natural.
El sistema astral del ser humano, con seis (doce por polaridad) constelaciones internas revolucionando alrededor del sol del ojo espiritual omnisciente, está entrelazado con el sol físico y con los doce signos del Zodíaco. De este modo, todos los seres humanos se hallan influidos por un universo externo y otro interno. Los antiguos rishis descubrieron que el medio ambiente del hombre, tanto en la tierra como en el cielo, lo impulsa hacia adelante en su sendero natural, en ciclos de doce años. Las escrituras aseguran que el hombre necesita un millón de años de vida de evolución normal y sin enfermedades a fin de perfeccionar su cerebro humano y alcanzar la conciencia cósmica.
Mil kriyas practicadas en un lapso de ocho horas y media le ofrecen al yogui en un día el equivalente de mil años de evolución natural: 365.000 años de evolución en un año. En tres años, un kriya yogui puede lograr, por medio de su propio esfuerzo inteligente, los mismos resultados que la naturaleza proporciona al cabo de un millón de años. El sendero abreviado del Kriya Yoga puede, por supuesto, ser seguido únicamente por yoguis avanzados, quienes, con ayuda de un inconvenientes. Por el contrario, la práctica de Kriya está desde un principio acompañada de una sensación de paz, de una apaciguadora tranquilidad y de efectos regenerativos en la espina dorsal.
La antigua técnica yóguica convierte la respiración en mente. Por medio del desarrollo espiritual, nos capacitamos para comprender el hecho de que la respiración no es sino un concepto mental, un acto de la mente: un sueño.
Se pueden ofrecer muchos ejemplos acerca de la relación matemática que existe entre la frecuencia respiratoria del hombre y las variaciones en sus estados de conciencia. Una persona cuya atención esté completamente enfocada en el proceso de un argumento intelectual complejo, o tratando de ejecutar una acción de tipo físico, delicada o difícil, automáticamente respira con mucha lentitud. La fijación de la atención depende de una respiración lenta; en cambio, las respiraciones rápidas y arrítmicas están acompañadas inevitablemente por estados emocionales dañinos, como el temor, la ira, la concupiscencia, etcétera. El inquieto mono respira un promedio de 32 veces por minuto, en contraste con el hombre, quien, por término medio, respira 18 veces por minuto. El elefante, la tortuga, la víbora y otros animales notables por su longevidad tienen una frecuencia respiratoria mucho menor que la del hombre. La tortuga gigante, por ejemplo, que puede alcanzar la edad de 300 años, respira únicamente 4 veces por minuto.
El efecto rejuvenecedor del sueño se debe a que el hombre pierde temporalmente la conciencia de su respiración y de su cuerpo. Cuando duerme, el hombre se convierte en yogui; inconscientemente, celebra noche a noche el ritual yóguico de liberarse de la identificación con su cuerpo, fundiendo su energía vital con las terapéuticas corrientes de la región principal del cerebro y las seis subdinamos de los centros espinales. Así, sin saberlo, durante el sueño el hombre se ve recargado por la energía cósmica de la cual depende toda vida.
El yogui, en cambio, lleva a cabo este simple proceso natural en forma voluntaria y consciente, en lugar de efectuarse inconscientemente como sucede, con mucha más lentitud, en aquel que duerme. El kriya yogui emplea su técnica para saturar y alimentar todas sus células físicas con una luz invulnerable al deterioro, manteniéndolas así en un estado de magnetización espiritual. Al lograr que la respiración sea innecesaria, a través de un medio científico, no cae él (durante sus horas de práctica) en los estados negativos del sueño, la inconsciencia o la muerte. la conciencia hasta el infinito. Esta técnica yóguica logra superar la perpetua batalla que existe entre la mente y los sentidos enredados en la materia, dotando al devoto de la libertad de reintegrarse a su reino eterno. Él sabe entonces que su verdadero ser no está atado a su prisión física ni a la respiración: símbolo de su esclavitud mortal al aire y a las elementales compulsiones de la naturaleza.
Dueño de su cuerpo y de su mente, el kriya yogui vence finalmente al «último enemigo»¹³, la Muerte.
Y así devorarás tú a la Muerte, que devora a los hombres;
y una vez muerta la Muerte, ya no habrá entonces más
fenecer¹⁴.
La introspección, o el «entrar en el silencio», es un método no científico de tratar forzadamente de separar la mente de los sentidos, ya que la una se mantiene ligada a los otros por la energía vital. Cuando, durante la práctica de la contemplación, la mente trata de retornar a la divinidad, las corrientes vitales la arrastran constantemente en dirección opuesta, hacia los sentidos. Kriya controla la mente en forma directa —a través de su efecto sobre la energía vital— y constituye por lo tanto la más fácil, efectiva y científica vía hacia el Infinito. En contraste con el lento e inseguro sendero de la teología, comparable a una carreta, Kriya puede ser llamado con justicia la «vía aérea» hacia Dios.
La ciencia del yoga está basada en una investigación empírica de todos los tipos de técnicas de concentración y meditación. El yoga capacita al devoto para desconectar voluntariamente la corriente vital de los cinco teléfonos sensoriales: la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto. Habiendo alcanzado el poder de desconectar los sentidos, al yogui le es fácil entonces unir su mente a voluntad ya sea con los reinos divinos o con el mundo material. La energía vital ya no le arrastrará más a retornar involuntariamente a la mundana esfera de las turbulentas sensaciones y de los pensamientos inquietos.
La vida de un kriya yogui avanzado no se halla afectada por los resultados de sus acciones pasadas, sino únicamente por los decretos de su alma. De este modo, el devoto evita a los lentos «consejeros» evolutivos constituidos por las buenas y malas acciones egoístas de la vida ordinaria, cuyo efecto evolutivo resulta lento y torpe, como el reptar de una oruga, para el corazón que ansía remontarse cual el águila.
El método superior de vivir en el espíritu libera al yogui, que escapa de la prisión de su ego y prueba la vasta atmósfera de la omnipresencia. La esclavitud de la vida natural es, en en los seis centros o esferas de conciencia, localizados en la espina dorsal. Esta teocracia se extiende sobre una multitud de súbditos obedientes: veintisiete billones de células (dotadas de una inteligencia certera, si bien aparentemente automática, por medio de la cual ejecutan todas las funciones corporales, tales como el crecimiento, las transformaciones y la desintegración) y cincuenta millones de pensamientos y emociones subyacentes y alternantes variaciones de las fases de la conciencia del hombre, que se suceden a lo largo de una vida media cuya duración sea de sesenta años.
Cualquier insurrección aparente de las células del cuerpo o del cerebro hacia el Emperador Alma, manifestándose como enfermedad o como pérdida de la razón, se debe no a la infidelidad de sus humildes súbditos, sino al mal uso que, ya sea en el pasado o en el presente, el hombre ha hecho de su individualidad o libre albedrío, que le fue conferido simultáneamente con un alma, y del cual jamás será privado.
Identificándose con un ego mezquino, el hombre da por sentado que es él quien piensa, dispone, siente, digiere los alimentos y sustenta su vida, sin admitir nunca, por medio de la reflexión (un poco de ella bastaría), que en su vida ordinaria no es más que un títere, un autómata de sus pasadas acciones (karma), de la naturaleza y de su ambiente. Las reacciones intelectuales, los sentimientos, los estados de ánimo y los hábitos de cada individuo no son sino los efectos de causas pretéritas, ya sea de esta vida o de otra anterior. No obstante, por encima de todas estas influencias, se yergue, majestuosa, el Alma. Desechando las verdades temporales y libertades transitorias, el kriya yogui trasciende toda desilusión hasta descubrir su ilimitado y verdadero ser. Todas las escrituras establecen que el hombre no es un cuerpo corruptible, sino un alma viviente, y en Kriya Yoga encuentra un método para comprobar esta sagrada verdad expuesta en ellas.
Shankara, en su famoso libro Cien Aforismos, afirma: «El ritual externo no puede destruir la ignorancia, porque éstos no son mutuamente contradictorios. Únicamente el conocimiento directo destruye la ignorancia. [...] El conocimiento no puede surgir por otro medio que no sea la investigación de: ¿Quién soy? ¿Cómo se formó el mundo? ¿Quién lo hizo? ¿Cuál es su causa material? Ésta es la clase de investigación referida». El intelecto no tiene respuesta para estas interrogantes; de aquí que los rishis desarrollaran el yoga como sistema de investigación espiritual.
El verdadero yogui, refrenando sus pensamientos, su voluntad y sus sentimientos de las falsas identificaciones con los deseos corporales, y uniendo su mente con las fuerzas kármico ha sido blanqueado por el antiséptico sol de la sabiduría; limpio por fin, ya no puede ofender al hombre ni al Creador.
UN OCCIDENTAL EN SAMĀDHI
Sri Rajarsi Janakananda (James J. Lynn)
El señor Lynn recibió en el estado de samādhi (supraconciencia) la Beatífica Visión del Señor Infinito, en la gloriosa forma del Espíritu que mora en nuestro interior, mientras se encontraba meditando en una playa privada en Encinitas (California), en enero de 1937, después de haber practicado fielmente Kriya Yoga durante cinco años.
«Pueda la equilibrada vida del señor Lynn servir como fuente de inspiración para todos los seres humanos», dijo Paramahansa Yogananda. En efecto, a pesar de cumplir a conciencia con todos sus deberes para con el mundo, el señor Lynn siempre dedicaba tiempo para meditar diaria y profundamente en Dios. Es así como este exitoso hombre de negocios llegó a convertirse a la vez en un iluminado kriya yogui.
Paramahansaji a menudo lo llamaba cariñosamente «San Lynn», y en 1951 le confirió el nombre monástico de Rajarsi Janakananda (evocando al Rey Janaka de la antigua India, famoso por su estatura espiritual). El título rajarsi, que significa literalmente «rishi real» proviene de raja (rey) y rsi o rishi (gran santo). Yogoda Satsanga Society of India la autorización para instruir y conferir la iniciación en Kriya Yoga a los estudiantes que cumplieran con los requisitos necesarios, o para designar ministros ordenados de SRF/YSS que llevaran a cabo esta labor. Asimismo, por medio de las Lecciones de Self-Realization Fellowship (Yogoda), las cuales se encuentran disponibles a través de la Sede Central en Los Ángeles (Estados Unidos), Paramahansa Yogananda proporcionó los medios para la perpetua diseminación de la ciencia del Kriya Yoga. (Nota del editor).
El Om de los Vedas se transformó en la palabra sagrada Amín de los musulmanes, el Hum de los tibetanos, y el Amén de los egipcios, griegos, romanos, judíos y cristianos (en hebreo Amén significa «fiel», «seguro»). cigarrillos. En muchos casos, la relajación es de tal naturaleza que el paciente no requiere entretenimiento alguno». En 1951, el Dr. Barach confirmó públicamente el valor del tratamiento, del cual dijo: «No sólo proporciona reposo a los pulmones, sino también al cuerpo entero y, al parecer, a la mente. El corazón, por ejemplo, disminuye su trabajo en una tercera parte. Nuestros pacientes dejan de preocuparse, y ninguno se siente aburrido».
A partir de estos hechos, se puede empezar a comprender cómo les es posible a los yoguis permanecer inmóvilmente sentados durante largos períodos de tiempo, sin sentir el apremio físico o mental de desarrollar ninguna actividad inquieta. Sólo por medio de semejante quietud puede el alma encontrar su camino de regreso hacia Dios. Aunque el hombre común tenga que permanecer en una cámara de presión compensada para obtener ciertos beneficios del estado sin aliento, el yogui no necesita nada más que la técnica de Kriya Yoga para recibir múltiples recompensas, tanto en el cuerpo y la mente como en su conciencia espiritual. cigarrillos. En muchos casos, la relajación es de tal naturaleza que el paciente no requiere entretenimiento alguno». En 1951, el Dr. Barach confirmó públicamente el valor del tratamiento, del cual dijo: «No sólo proporciona reposo a los pulmones, sino también al cuerpo entero y, al parecer, a la mente. El corazón, por ejemplo, disminuye su trabajo en una tercera parte. Nuestros pacientes dejan de preocuparse, y ninguno se siente aburrido».
A partir de estos hechos, se puede empezar a comprender cómo les es posible a los yoguis permanecer inmóvilmente sentados durante largos períodos de tiempo, sin sentir el apremio físico o mental de desarrollar ninguna actividad inquieta. Sólo por medio de semejante quietud puede el alma encontrar su camino de regreso hacia Dios. Aunque el hombre común tenga que permanecer en una cámara de presión compensada para obtener ciertos beneficios del estado sin aliento, el yogui no necesita nada más que la técnica de Kriya Yoga para recibir múltiples recompensas, tanto en el cuerpo y la mente como en su conciencia espiritual.