El gran científico de la India, J. C. Bose
—Los inventos de comunicación inalámbrica de Jagadis Chandra Bose son anteriores a los de Marconi. Al oír por casualidad esta provocativa aserción, me acerqué a un grupo de profesores que caminaban por la acera sumidos en una discusión científica. Si lo que me motivó a unirme a ellos fue orgullo de raza, lo lamento; pero no puedo negar mi vivo interés en asegurar que la India puede jugar un papel destacado en asuntos de física y no únicamente en los de metafísica.
—¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunté. —Bose fue el primero en inventar el enlace inalámbrico y un instrumento para indicar la refracción de las ondas eléctricas —me explicó amablemente el profesor—; pero el científico hindú no explotó comercialmente sus inventos; —Usted ha hecho mucho, señor, para apresurar el abrazo de Oriente y Occidente con los brazos impersonales de la ciencia —le dije. —Yo fui educado en Cambridge. ¡Qué admirable es el método occidental de someter toda teoría a una escrupulosa verificación experimental! Aquel procedimiento empírico ha ido de la mano con el don de la introspección, que es mi herencia oriental. Reunidos ambos, me han capacitado para sondear los silenciosos reinos de la naturaleza largo tiempo incomunicados. Los reveladores gráficos de mi crescógrafo² constituyen una evidencia, incluso para los más escépticos, de que las plantas tienen un sistema nervioso sensitivo y una variada vida emocional; amor, odio, alegría, temor, placer, dolor, excitabilidad, estupor y otras incontables respuestas correspondientes a los estímulos recibidos son tan universales en las plantas como en los animales.
—¡El singular latido de la vida que palpita en toda la creación podía parecer sólo una imagen poética antes de su llegada, profesor! Conocí una vez a un santo que jamás arrancaba una flor. «¿Debo yo robar a un rosal la ostentación de su belleza? —decía él—. ¿Debo lastimar su dignidad con mi rudo expolio?». Esas palabras de simpatía están comprobadas literalmente por sus descubrimientos. —El poeta está íntimamente unido a la verdad, en tanto que el hombre de ciencia se acerca torpemente. Venga algún día a mi laboratorio y vea los inequívocos testimonios de mi crescógrafo.
Agradecido, acepté su invitación y me retiré. Más tarde supe que el profesor había dejado el Presidency College y estaba tratando de fundar un centro de investigación en Calcuta. Cuando se abrió el Instituto Bose, asistí a la ceremonia inaugural. Centenares de personas entusiastas deambulaban por el recinto; yo estaba encantado con el simbolismo artístico y espiritual de la nueva casa de la ciencia. La verja de la entrada es una reliquia centenaria de un distante santuario. Detrás de un estanque de lotos³, una escultura femenina con una antorcha simbolizaba el respeto que en la India se tiene por la mujer, como la inmortal portadora de luz. El jardín tenía un pequeño templo, consagrado al Noúmeno que mora más allá del fenómeno. El pensamiento de la divinidad incorpórea era sugerido por la ausencia de imágenes de altar. El discurso de Bose en este magnífico acontecimiento pudo haber salido de los labios de alguno de los antiguos rishis.
«Dedico hoy este Instituto no como un simple laboratorio, sino como un templo. —La reverente solemnidad de sus de castas poco conocido para mí, ofendiendo con ello su etiqueta. »También hizo acto de presencia una inconsciente predisposición teológica que confunde la ignorancia con la fe. Se olvida a menudo que Quien nos ha rodeado con el perenne misterio evolutivo de la creación ha implantado también en nosotros el deseo de preguntar y de comprender. A lo largo de muchos años de ser objeto de la incomprensión de los demás, llegué a entender que la vida de un devoto de la ciencia está inevitablemente llena de interminables luchas. El verdadero científico tiene que moldear su vida como una ardiente ofrenda, considerando pérdida y ganancia, éxito y fracaso, como una sola cosa.
»El trabajo ya realizado en el Laboratorio Bose sobre la respuesta de la materia y las inesperadas revelaciones en la vida de las plantas ha abierto un amplio campo de investigación en la física, la fisiología, la medicina, la agricultura e incluso la psicología. Problemas hasta ahora considerados insolubles han entrado en la esfera de la investigación experimental. »Mas es imposible obtener gran éxito sin una rigurosa exactitud. He ahí la razón de esa larga serie de instrumentos y aparatos supersensibles diseñados por mí, que se encuentran expuestos ante ustedes hoy, a la entrada del auditorio. Ellos hablan de los prolongados esfuerzos por atravesar la ilusoria apariencia, con el fin de penetrar en la realidad que permanece invisible, y del infatigable trabajo, de la perseverancia y del ingenio que se requieren para superar las limitaciones humanas. Todo científico creador sabe que el verdadero laboratorio es la mente; allí, más allá de toda ilusión, descubre él las leyes de la verdad. concentración. Dicho control confiere el poder de sostener la mente en la investigación de la verdad con infinita paciencia». concentración. Dicho control confiere el poder de sostener la mente en la investigación de la verdad con infinita paciencia».
Las lágrimas fluían de mis ojos al concluir las palabras del hombre de ciencia. ¿Acaso no es la «paciencia» un sinónimo de la India, que confunde tanto al Tiempo como a los historiadores? Visité el centro de investigaciones en otra ocasión, poco tiempo después de su apertura. El gran botánico, atento a su promesa, me llevó a su tranquilo laboratorio. —Conectaré el crescógrafo a este helecho; el aumento que posibilita el aparato es tremendo; si el arrastrarse de un caracol fuese aumentado en esta misma proporción, la criatura parecería caminar con la velocidad de un tren expreso.
Mi mirada estaba fija con avidez en la pantalla que reflejaba la sombra del helecho aumentado de volumen. Diminutos movimientos de vida eran ahora claramente perceptibles; la planta iba creciendo muy lentamente delante de mis ojos fascinados. El científico tocó la punta del helecho con una pequeña varilla de metal. Los movimientos se explicarse mediante los principios de la mecánica enunciados comúnmente, tales como el de la atracción capilar. El fenómeno se ha descubierto por medio del crescógrafo como la actividad de las células vivas. Las ondas peristálticas nacen de un tubo cilíndrico que se extiende a lo largo del árbol y sirve como corazón. Cuanto más profundizamos en nuestra percepción, tanto más notable se hace la evidencia de un plan uniforme que liga cada forma en las manifestaciones de la naturaleza.
El gran científico señaló otro instrumento «Bose». —Le mostraré ahora unos experimentos en una pieza de estaño. La energía vital en los metales responde adversa o benéficamente al estímulo. Las marcas en el gráfico registrarán las diferentes reacciones. Profundamente absorto, observé la gráfica que registraba las ondas características de la estructura atómica. Cuando el profesor aplicó cloroformo al estaño, las ondas se detuvieron. Volvieron a comenzar a medida que el metal lentamente adquiría su estado normal. Mi compañero colocó un veneno químico. Al mismo tiempo que se producía el temblor final de la lata, la aguja escribió dramáticamente en el gráfico la noticia de su muerte.

5 La estructura atómica de la materia fue bien conocida por los antiguos hindúes; uno de los seis sistemas de la filosofía hindú es el Vaisesika, de la raíz sánscrita visesas, «individualidad atómica». Uno de los más famosos expositores del Vaisesika fue Aulukya, también llamado Kanada, «el comedor de átomos», quien nació hace aproximadamente 2.800 años. En un artículo de Tara Mata publicado en la revista East-West, correspondiente al mes de abril de 1934, se ofrece un resumen del conocimiento científico del Vaisesika, que dice así: «Aunque la moderna teoría atómica es actualmente considerada como un nuevo avance de la ciencia, fue brillantemente expuesta hace mucho tiempo por Kanada, el "comedor de átomos". La palabra sánscrita anus puede propiamente traducirse como átomo, en el sentido literal griego del término (íntegro o indivisible). Otras exposiciones científicas en los tratados del Vaisesika antes de Cristo incluyen: 1) el movimiento de las agujas hacia el imán; 2) la circulación del agua en las plantas; 3) el akasha o éter, inerte y sin estructura, como la base para poder transmitir las fuerzas sutiles; 4) el fuego solar como la causa de todas las otras formas de calor; 5) el calor como la causa del cambio molecular; 6) la ley de la gravedad, que es causada por la cualidad inherente en los átomos de la tierra para darles el poder de atracción o la fuerza que hace caer los cuerpos; 7) la naturaleza cinética de toda energía; la raíz de la causalidad considerada siempre como un gasto de energía o una redistribución del movimiento; 8) la disolución universal a través de la desintegración de los átomos; 9) la radiación de los rayos de calor y de luz, en infinitas partículas,
El Vedanta, o compendio de los Vedas, ha aportado inspiración a muchos grandes pensadores occidentales. El historiador francés, Víctor Cousin, dijo lo siguiente: «Al leer con atención los monumentos filosóficos de Oriente —y por encima de todo, los de la India—, descubrimos muchas verdades tan profundas [...] que nos sentimos impulsados a caer de rodillas frente a la filosofía de Oriente y a ver, en esta cuna de la raza humana, la tierra natal de la filosofía más elevada». Schlegel observó: «Incluso la más excelsa filosofía europea, el idealismo de la razón expuesto por los filósofos griegos, parece en comparación con la abundante vida y vigor del idealismo oriental como una tenue chispa prometeica frente a un gran torrente de luz solar».
