El gran científico de la India, J. C. Bose — Autobiografía de un yogui — Portal de Enseñanzas de SRF
8.El gran científico de la India, J. C. Bose
Paramahansa Yogananda·~10 min
EEl gran científico de la India J. C. Bose
—Los inventos de comunicación inalámbrica de Jagadis Chandra Bose son anteriores a los de Marconi.
Al oír por casualidad esta provocativa aserción, me acerqué a un grupo de profesores que caminaban por la acera sumidos en una discusión científica. Si lo que me motivó a unirme a ellos fue orgullo de raza, lo lamento; pero no puedo negar mi vivo interés en asegurar que la India puede jugar un papel destacado en asuntos de física y no únicamente en los de metafísica.
—¿Qué quiere decir con eso, señor? —pregunté.
—Bose fue el primero en inventar el enlace inalámbrico y un instrumento para indicar la refracción de las ondas eléctricas —me explicó amablemente el profesor—; pero el científico hindú no explotó comercialmente sus inventos; —Usted ha hecho mucho, señor, para apresurar el abrazo de Oriente y Occidente con los brazos impersonales de la ciencia —le dije.
—Yo fui educado en Cambridge. ¡Qué admirable es el método occidental de someter toda teoría a una escrupulosa verificación experimental! Aquel procedimiento empírico ha ido de la mano con el don de la introspección, que es mi herencia oriental. Reunidos ambos, me han capacitado para sondear los silenciosos reinos de la naturaleza largo tiempo incomunicados. Los reveladores gráficos de mi crescógrafo² constituyen una evidencia, incluso para los más escépticos, de que las plantas tienen un sistema nervioso sensitivo y una variada vida emocional; amor, odio, alegría, temor, placer, dolor, excitabilidad, estupor y otras incontables respuestas correspondientes a los estímulos recibidos son tan universales en las plantas como en los animales.
—¡El singular latido de la vida que palpita en toda la creación podía parecer sólo una imagen poética antes de su llegada, profesor! Conocí una vez a un santo que jamás arrancaba una flor. «¿Debo yo robar a un rosal la ostentación de su belleza? —decía él—. ¿Debo lastimar su dignidad con mi rudo expolio?». Esas palabras de simpatía están comprobadas literalmente por sus descubrimientos. —El poeta está íntimamente unido a la verdad, en tanto que el hombre de ciencia se acerca torpemente. Venga algún día a mi laboratorio y vea los inequívocos testimonios de mi crescógrafo.
Agradecido, acepté su invitación y me retiré. Más tarde supe que el profesor había dejado el Presidency College y estaba tratando de fundar un centro de investigación en Calcuta.
Cuando se abrió el Instituto Bose, asistí a la ceremonia inaugural. Centenares de personas entusiastas deambulaban por el recinto; yo estaba encantado con el simbolismo artístico y espiritual de la nueva casa de la ciencia. La verja de la entrada es una reliquia centenaria de un distante santuario. Detrás de un estanque de lotos³, una escultura femenina con una antorcha simbolizaba el respeto que en la India se tiene por la mujer, como la inmortal portadora de luz. El jardín tenía un pequeño templo, consagrado al Noúmeno que mora más allá del fenómeno. El pensamiento de la divinidad incorpórea era sugerido por la ausencia de imágenes de altar. El discurso de Bose en este magnífico acontecimiento pudo haber salido de los labios de alguno de los antiguos rishis.
«Dedico hoy este Instituto no como un simple laboratorio, sino como un templo. —La reverente solemnidad de sus de castas poco conocido para mí, ofendiendo con ello su etiqueta.
»También hizo acto de presencia una inconsciente predisposición teológica que confunde la ignorancia con la fe. Se olvida a menudo que Quien nos ha rodeado con el perenne misterio evolutivo de la creación ha implantado también en nosotros el deseo de preguntar y de comprender. A lo largo de muchos años de ser objeto de la incomprensión de los demás, llegué a entender que la vida de un devoto de la ciencia está inevitablemente llena de interminables luchas. El verdadero científico tiene que moldear su vida como una ardiente ofrenda, considerando pérdida y ganancia, éxito y fracaso, como una sola cosa.
»Con el tiempo, las principales sociedades científicas del mundo aceptaron mis teorías y sus resultados, y reconocieron la importancia de la contribución de la India a la ciencia⁴. ¿Puede cualquier cosa pequeña o circunscrita satisfacer jamás la mente de la India? Por una continua tradición viva y un poder vital de rejuvenecimiento, esta tierra se ha reajustado a sí misma mediante innumerables transformaciones. Siempre ha habido indios que, deponiendo el premio inmediato y absorbente del momento, han buscado la realización de los más elevados ideales de la vida, no mediante la pasiva renunciación, sino con la lucha activa. Los débiles que han rehusado el conflicto nada han adquirido y no han tenido que renunciar a nada. Sólo el que ha sabido luchar y vencer puede enriquecer al mundo dotándolo de los frutos de sus victoriosas experiencias.
»El trabajo ya realizado en el Laboratorio Bose sobre la respuesta de la materia y las inesperadas revelaciones en la vida de las plantas ha abierto un amplio campo de investigación en la física, la fisiología, la medicina, la agricultura e incluso la psicología. Problemas hasta ahora considerados insolubles han entrado en la esfera de la investigación experimental.
»Mas es imposible obtener gran éxito sin una rigurosa exactitud. He ahí la razón de esa larga serie de instrumentos y aparatos supersensibles diseñados por mí, que se encuentran expuestos ante ustedes hoy, a la entrada del auditorio. Ellos hablan de los prolongados esfuerzos por atravesar la ilusoria apariencia, con el fin de penetrar en la realidad que permanece invisible, y del infatigable trabajo, de la perseverancia y del ingenio que se requieren para superar las limitaciones humanas. Todo científico creador sabe que el verdadero laboratorio es la mente; allí, más allá de toda ilusión, descubre él las leyes de la verdad. concentración. Dicho control confiere el poder de sostener la mente en la investigación de la verdad con infinita paciencia». concentración. Dicho control confiere el poder de sostener la mente en la investigación de la verdad con infinita paciencia».
JAGADIS CHANDRA BOSE
Gran físico y botánico de la India, inventor del crescógrafo
Las lágrimas fluían de mis ojos al concluir las palabras del hombre de ciencia. ¿Acaso no es la «paciencia» un sinónimo de la India, que confunde tanto al Tiempo como a los historiadores?
Visité el centro de investigaciones en otra ocasión, poco tiempo después de su apertura. El gran botánico, atento a su promesa, me llevó a su tranquilo laboratorio.
—Conectaré el crescógrafo a este helecho; el aumento que posibilita el aparato es tremendo; si el arrastrarse de un caracol fuese aumentado en esta misma proporción, la criatura parecería caminar con la velocidad de un tren expreso.
Mi mirada estaba fija con avidez en la pantalla que reflejaba la sombra del helecho aumentado de volumen. Diminutos movimientos de vida eran ahora claramente perceptibles; la planta iba creciendo muy lentamente delante de mis ojos fascinados. El científico tocó la punta del helecho con una pequeña varilla de metal. Los movimientos se explicarse mediante los principios de la mecánica enunciados comúnmente, tales como el de la atracción capilar. El fenómeno se ha descubierto por medio del crescógrafo como la actividad de las células vivas. Las ondas peristálticas nacen de un tubo cilíndrico que se extiende a lo largo del árbol y sirve como corazón. Cuanto más profundizamos en nuestra percepción, tanto más notable se hace la evidencia de un plan uniforme que liga cada forma en las manifestaciones de la naturaleza.
El gran científico señaló otro instrumento «Bose».
—Le mostraré ahora unos experimentos en una pieza de estaño. La energía vital en los metales responde adversa o benéficamente al estímulo. Las marcas en el gráfico registrarán las diferentes reacciones.
Profundamente absorto, observé la gráfica que registraba las ondas características de la estructura atómica. Cuando el profesor aplicó cloroformo al estaño, las ondas se detuvieron. Volvieron a comenzar a medida que el metal lentamente adquiría su estado normal. Mi compañero colocó un veneno químico. Al mismo tiempo que se producía el temblor final de la lata, la aguja escribió dramáticamente en el gráfico la noticia de su muerte.
—Los instrumentos «Bose» han demostrado —dijo el científico— que los metales, como el acero de las tijeras y de la maquinaria, están sujetos a la fatiga y vuelven a adquirir su eficiencia tras un período de descanso. El pulso de la vida en los metales resulta gravemente lesionado, o incluso se extingue del todo, mediante la aplicación de corrientes eléctricas o de grandes presiones.
Lancé una mirada alrededor del cuarto y observé los numerosos inventos, testimonios elocuentes de una incansable ingeniosidad.
—Señor, es lamentable que el desarrollo de la agricultura en masa no progrese con mayor celeridad por medio del empleo más extenso de sus maravillosos mecanismos. ¿No sería posible hacer uso de ellos, en diligentes experimentos de laboratorio, para investigar la influencia de diversos tipos de abonos en el crecimiento de las plantas?
—Está usted en lo cierto —me contestó—. Los instrumentos «Bose» tendrán incontables usos para las futuras generaciones. Los hombres de ciencia rara vez reciben la recompensa de sus contemporáneos; les basta poseer el gozo del servicio creador.
Años más tarde, los pioneros descubrimientos de Bose sobre las plantas fueron corroborados por otros científicos. Los trabajos realizados en 1938 en la Universidad de Columbia fueron publicados por The New York Times como sigue:
Durante los últimos años, se ha comprobado que cuando los nervios transmiten mensajes entre el cerebro y otras partes del cuerpo, se generan diminutos impulsos eléctricos. Estos impulsos han sido medidos por el delicado galvanómetro y aumentados millones de veces por amplificadores modernos. Hasta ahora no se ha encontrado ningún método satisfactorio para estudiar el paso de los impulsos a lo largo de fibras nerviosas de los animales vivos o del hombre, a causa de la gran velocidad con que circulan dichos impulsos.
Los doctores K. S. Cole y H. J. Curtis han informado haber descubierto que las largas células individuales de la planta de agua dulce llamada nitella, empleada frecuentemente en las peceras, son virtualmente idénticas a las de una fibra nerviosa simple. Más aún, han encontrado que las fibras de nitella, al ser excitadas, propagan ondas eléctricas que en todo sentido se asemejan —a excepción de su velocidad— a las fibras nerviosas de los animales y el hombre. Se encontró que el impulso eléctrico-nervioso en la planta era mucho más lento que en los animales. Los investigadores de la Universidad de Columbia y que, de nuevo, desde su elevado sitial y plataforma, enseñe su ciencia a todos los demás pueblos.
5 La estructura atómica de la materia fue bien conocida por los antiguos hindúes; uno de los seis sistemas de la filosofía hindú es el Vaisesika, de la raíz sánscrita visesas, «individualidad atómica». Uno de los más famosos expositores del Vaisesika fue Aulukya, también llamado Kanada, «el comedor de átomos», quien nació hace aproximadamente 2.800 años.
En un artículo de Tara Mata publicado en la revista East-West, correspondiente al mes de abril de 1934, se ofrece un resumen del conocimiento científico del Vaisesika, que dice así: «Aunque la moderna teoría atómica es actualmente considerada como un nuevo avance de la ciencia, fue brillantemente expuesta hace mucho tiempo por Kanada, el "comedor de átomos". La palabra sánscrita anus puede propiamente traducirse como átomo, en el sentido literal griego del término (íntegro o indivisible). Otras exposiciones científicas en los tratados del Vaisesika antes de Cristo incluyen: 1) el movimiento de las agujas hacia el imán; 2) la circulación del agua en las plantas; 3) el akasha o éter, inerte y sin estructura, como la base para poder transmitir las fuerzas sutiles; 4) el fuego solar como la causa de todas las otras formas de calor; 5) el calor como la causa del cambio molecular; 6) la ley de la gravedad, que es causada por la cualidad inherente en los átomos de la tierra para darles el poder de atracción o la fuerza que hace caer los cuerpos; 7) la naturaleza cinética de toda energía; la raíz de la causalidad considerada siempre como un gasto de energía o una redistribución del movimiento; 8) la disolución universal a través de la desintegración de los átomos; 9) la radiación de los rayos de calor y de luz, en infinitas partículas,
El Vedanta, o compendio de los Vedas, ha aportado inspiración a muchos grandes pensadores occidentales. El historiador francés, Víctor Cousin, dijo lo siguiente: «Al leer con atención los monumentos filosóficos de Oriente —y por encima de todo, los de la India—, descubrimos muchas verdades tan profundas [...] que nos sentimos impulsados a caer de rodillas frente a la filosofía de Oriente y a ver, en esta cuna de la raza humana, la tierra natal de la filosofía más elevada». Schlegel observó: «Incluso la más excelsa filosofía europea, el idealismo de la razón expuesto por los filósofos griegos, parece en comparación con la abundante vida y vigor del idealismo oriental como una tenue chispa prometeica frente a un gran torrente de luz solar».
En el inmenso caudal de la literatura de la India, los Vedas (de la raíz vid, «saber») son los únicos textos a los cuales no se les atribuye autor alguno. El Rig Veda (X:90,9) asigna a estos himnos un origen divino y afirma (III:39,2) que provienen de «tiempos antiguos», habiendo sido revestidos de un nuevo lenguaje. Se dice que los Vedas, los cuales han sido divinamente revelados a lo largo de las edades a los rishis o «videntes», poseen nityatva, «validez eterna».
Los Vedas fueron revelados por medio del sonido, «oídos en forma directa» (shruti) por los rishis. Se trata principalmente de una literatura compuesta de cantos y recitaciones; por lo tanto, durante milenios, sus 100.000 estrofas pareadas no fueron escritas, sino transmitidas oralmente por sacerdotes brahmines. Tanto el papel como la piedra están sujetos al deterioro que se produce con el paso del tiempo. Los Vedas, en cambio, han sobrevivido los embates del tiempo, pues los rishis comprendieron la superioridad de la mente sobre la materia como el medio correcto de transmitir el conocimiento. En verdad, ¿qué puede ser más duradero que las «tablas sagradas del corazón»? Observando el orden particular (anupurvi) en que se suceden las palabras en los Vedas, y con la ayuda de reglas fonológicas para la combinación de sonidos (sandhi) y la relación de las letras (sanatana), y utilizando ciertos métodos matemáticos para comprobar la fidelidad de los textos memorizados, los brahmines han conservado en forma extraordinaria, desde la remota antigüedad, la pureza original de los Vedas. Cada sílaba (akshara) de una palabra védica se encuentra dotada de significado y eficacia.