La fundación de una escuela de yoga en Ranchi —¿Por qué eres reacio al trabajo de organización? La pregunta de mi maestro me sorprendió un poco. Es cierto que mi convicción personal en aquel entonces era la de que las organizaciones son como los avisperos. —Es una tarea ingrata, señor —le respondí—. No importa lo que el jefe haga o deje de hacer, siempre se le critica. —¿Quieres toda la channa (cuajada) divina para ti únicamente? —La respuesta de mi maestro fue acompañada por una mirada de reproche—. ¿Podrías tú o cualquier otra persona alcanzar la comunión con Dios por medio del yoga, si no hubiera habido una sucesión de maestros generosos y desinteresados que voluntariamente hubieran consentido en transmitir su conocimiento a otros? —Y agregó—: Dios
Mi maestro se rió de tan buena gana que yo comprendí enseguida que su observación había sido hecha con el simple propósito de probar mi fe. —Recuerda —me dijo lentamente— que aquel que desecha sus deberes mundanos sólo puede justificarse si acepta algún tipo de responsabilidad hacia una familia mucho mayor. El ideal de una apropiada educación de la juventud siempre había estado en mi corazón. Yo había visto claramente los áridos resultados de una instrucción ordinaria, orientada sólo al desarrollo del cuerpo y del intelecto. Los valores morales y espirituales, sin cuyo aprecio ningún hombre puede encontrar la felicidad, estaban totalmente ausentes del plan de estudios común. Determiné entonces fundar una escuela en donde los niños pudieran desarrollar su plena estatura humana. Mi primer paso en esa dirección lo di con siete niños en Dihika, una pequeña aldea de Bengala.
Un año después, en 1918, debido a la generosidad de Sir Manindra Chandra Nundy, Maharajá de Kasimbazar, pude trasladar mi creciente grupo a Ranchi. Esta población de Bihar, a trescientos veinte kilómetros de Calcuta, está bendecida por uno de los climas más saludables de la India. El palacio de Kasimbazar, en Ranchi, fue transformado en el e instantáneamente para recargar el cuerpo a partir de la fuente ilimitada de energía cósmica. Los niños respondieron a este entrenamiento de una manera asombrosa, desarrollando una habilidad extraordinaria para dirigir la energía vital de una parte del cuerpo a otra, y para permanecer sentados tranquilamente en las más difíciles asanas (posturas)². Ellos lograron realizar pruebas de resistencia y fuerza que muchos robustos adultos no podrían igualar. Mi hermano más joven, Bishnu Charan Ghosh, entró en la escuela de Ranchi, y fue después un destacado instructor de cultura física. Él y uno de sus estudiantes viajaron por Europa y América, en 1938 y 1939, ofreciendo exhibiciones de fuerza y control muscular y del poder de la mente sobre el cuerpo que asombraron a los profesores de las universidades, incluyendo a los de la Universidad de Columbia en Nueva York³.
Al finalizar el primer año en Ranchi, las solicitudes de admisión llegaron a dos mil. Pero la escuela, que en aquella época era solamente para estudiantes internos, podía alojar únicamente a unos cien niños. En vista de esto, pronto se agregó la instrucción para estudiantes diurnos externos. En la Vidyalaya yo tenía que hacer el papel de padre y madre para los niños pequeños, y además enfrentarme a muchas dificultades administrativas. Con frecuencia recordaba las palabras de Cristo: «Yo os aseguro que nadie que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o hacienda por mí y por el Evangelio, quedará sin recibir el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y hacienda, con persecuciones; y en el mundo venidero, vida eterna»⁴.
Sri Yukteswar había interpretado estas palabras de la forma siguiente: «El devoto que renuncia a las experiencias de matrimonio y familia, a fin de asumir responsabilidades más importantes que consisten en el servicio a la sociedad en general ("el ciento por uno: ahora, al presente, casas, hermanos,..."), emprende una tarea que a menudo está acompañada por la persecución de un mundo incomprensivo. Sin embargo, estas identificaciones de mayor alcance ayudan al devoto a superar el egoísmo y le aportarán una recompensa divina».
Un día mi padre llegó a Ranchi para otorgarme su bendición paternal, que por largo tiempo había rehusado darme, porque yo le había herido al no aceptar un puesto en el Ferrocarril de Bengala-Nagpur. —Hijo mío —me dijo—, ya estoy reconciliado con el tipo de vida que has elegido. Me llena de gozo el verte en medio Con lágrimas en los ojos, coloqué sobre mis piernas al animalito, aparentemente sin vida. Oré implorando a Dios que le conservara la vida. Horas después, la pequeña criatura abrió los ojos, se irguió sobre sus patitas y principió a caminar tambaleándose. Todos los muchachos de la escuela gritaron de alegría.
Pero esa noche aprendí una gran lección, una que no podré olvidar. Después de permanecer con el animalito hasta las dos de la mañana, me dormí; el venadito se me apareció en el sueño y me dijo: —Usted me está reteniendo. ¡Por favor, deje que me marche, déjeme partir! —Está bien —contesté en el sueño. Desperté inmediatamente y grité: —¡Muchachos, muchachos, el venadito se está muriendo! Todos se precipitaron a mi lado. Me fui al rincón donde había colocado al venadito. Éste hizo su último esfuerzo para levantarse, se tambaleó hacia mí y cayó muerto a mis pies.
De acuerdo con el karma grupal de los animales, que guía y regula su destino, el plazo de vida del venado ya había fenecido, y estaba listo para progresar hacia una forma más elevada. Pero debido a mi apego por él, el cual posteriormente comprendí que era egoísta, y por mis fervorosas plegarias, yo había conseguido retenerlo en los límites de su forma animal, de la cual estaba el alma haciendo esfuerzos para librarse. El alma del venadito hizo su súplica en el sueño, porque sin mi amante consentimiento no podía o no quería irse. Y tan pronto como yo consentí, él partió.
Toda tristeza desapareció; nuevamente comprendí que Dios desea que sus hijos lo amen todo como parte de su propio Ser, y que no sientan engañosamente que la muerte constituye el fin. El hombre ignorante ve sólo el muro insuperable de la muerte, que parece ocultar para siempre a sus amigos queridos. Pero el hombre que no tiene apegos, aquel que ama a los demás como expresiones del Señor, comprende que, al morir, sus seres queridos únicamente han retornado al más allá para disfrutar de un respiro de alegría en Él.
La escuela de Ranchi creció desde una pequeña y sencilla institución a lo que es ahora: una organización bien conocida en Bihar y en Bengala. Muchos de los departamentos de la escuela se sostienen gracias a la contribución voluntaria de aquellos que gozan en perpetuar los ideales educativos de los rishis. Florecientes escuelas filiales han sido establecidas en Midnapore y Lakhanpur. La sede central de Ranchi mantiene un Departamento Médico, en donde tanto las medicinas como el servicio se suministran, sin costo alguno, a los pobres de la localidad. El número de personas atendidas asciende a un promedio de 18.000 por año. La Vidyalaya ha sido también notable en las competencias deportivas, así como en el campo intelectual; muchos alumnos de la escuela de Ranchi se han distinguido en su vida universitaria posterior.
En las tres últimas décadas, la escuela de Ranchi ha sido honrada por la visita de eminentes personalidades de Oriente y Occidente. Swami Pranabananda de Benarés, «el santo con dos cuerpos», pasó unos días en la Vidyalaya en 1918. Cuando el gran maestro vio las pintorescas clases al aire libre, debajo de los árboles, y por la tarde a los muchachos sentados, inmóviles durante horas en meditación yoga, se conmovió profundamente. —El corazón se me llena de alegría —dijo— al ver que los ideales de Lahiri Mahasaya sobre un apropiado entrenamiento de la juventud están llevándose a cabo en esta institución. Que las bendiciones de mi maestro sean con ella.
Un jovencito que se sentaba a mi lado se aventuró a hacerle una pregunta al gran yogui: ban jai⁵? Así pues, persevera en Kriya Yoga sin cesar y llega pronto a los portales divinos. El cuerpo de Pranabananda, cuya apariencia era tan sana y fuerte en la primera e insólita visita que le hice en Benarés, mostraba ahora señales inequívocas de la edad, aun cuando su postura era todavía admirablemente erguida. —Swamiji —le pregunté, mirándole fijamente a los ojos—, por favor, dígame la verdad: ¿no siente usted todavía el avance de la edad? ¿Conforme su cuerpo se debilita, sus percepciones de Dios sufren alguna disminución?
Él sonrió angelicalmente. —El Amado está ahora más que nunca conmigo. —Su absoluta convicción colmó mi mente y mi alma—. Todavía sigo disfrutando de las dos pensiones, una de Bhagabati, aquí presente, y la otra de arriba. —Y al señalar con un dedo el cielo, el santo entró en éxtasis y su rostro brilló con luz divina: una amplia respuesta a mi pregunta. Viendo que en la habitación de Pranabananda había muchas plantas y paquetes de semillas, le pregunté cuál era su objeto.
—He abandonado Benarés definitivamente —me dijo—; y ahora estoy en camino hacia el Himalaya. Allí abriré una ermita para mis discípulos. Estas semillas producirán espinacas y algunas otras verduras. Mis queridos discípulos vivirán una vida sencilla, pasando el tiempo en una bienaventurada unión con Dios. Nada más es necesario. Mi padre le preguntó a su hermano discípulo cuándo regresaría a Calcuta. —Nunca más —contestó el santo—. Éste es el año en que, según me dijo Lahiri Mahasaya, debo abandonar para siempre mi querido Benarés y partir al Himalaya, para dejar allí mi forma material.
Mis ojos se llenaron de lágrimas al escuchar sus palabras, pero el swami sonrió con tranquilidad. Me recordaba a un niño celestial, sentado en paz en el regazo de la Madre Divina. La carga de los años no tiene efecto adverso sobre los supremos poderes espirituales de un verdadero yogui. Éste es capaz de renovar su cuerpo a voluntad; sin embargo, algunas veces no se preocupa de retardar el proceso de la edad, sino que permite que el karma siga su curso natural en el plano físico y utiliza el cuerpo como un medio de ahorrar tiempo, para evitar así la necesidad de eliminar los fragmentos restantes de su karma en una nueva encarnación.
Meses después me encontré con un antiguo amigo, Sanandan, que fuera uno de los más cercanos discípulos de Pranabananda. —Mi amado gurú se ha ido —me dijo llorando—. Él estableció una ermita cerca de Rishikesh, y nos proporcionó a todos su amoroso entrenamiento. Cuando estábamos ya bien asentados y haciendo rápidos progresos espirituales en su compañía, se propuso un día agasajar con alimentos a una multitud de Rishikesh; yo le pregunté por qué quería reunir a tanta gente.
»—Ésta es mi última fiesta ceremonial —me dijo; pero yo no entendí entonces el pleno sentido de sus palabras. »Pranabanandaji ayudó a cocinar una gran cantidad de alimentos. Dimos de comer a casi dos mil personas. Después de la cena, se sentó en una alta plataforma y pronunció un sermón muy inspirado y hermoso sobre el Infinito. Al final, ante la mirada de miles de personas, se volvió hacia mí, que me hallaba sentado a su lado en el estrado, y habló con una voz muy intensa, poco usual en él.
»—Sanandan, prepárate, voy a darle un puntapié al marco⁶. FILIAL DE YOGODA SATSANGA MATH Paramahansa Yogananda fundó en Ranchi la filial de Yogoda Satsanga Math y el Ashram al trasladar su escuela para niños a este sitio en 1918. Actualmente, esta filial presta sus servicios a los miembros de YSS y difunde las enseñanzas de Paramahansaji sobre Kriya Yoga en toda la India. Además de sus actividades espirituales, este centro sostiene varias instituciones educativas, así como un dispensario de servicios médicos gratuitos.
»Tras un consternado silencio, exclamé desesperadamente: »—¡Maestro, no lo hagas! ¡Te suplico, no lo hagas! quedaba un marco vacío y rígido; su ocupante había volado hacia la ribera inmortal. Cuando Sanandan concluyó su relato pensé: «¡En verdad, la muerte del bendito "santo con dos cuerpos" ha sido tan impresionante como lo fuera su vida!». Yo le pregunté en dónde habría de volver a nacer Pranabananda. —Considero esa información como una confidencia sagrada que no puedo revelar a nadie —respondió Sanandan—. Quizás tú puedas averiguarlo de otra manera.
Años más tarde supe por Swami Keshabananda⁹ que Pranabananda, tiempo después de su nacimiento en un nuevo cuerpo, había partido para Badrinarayan en el Himalaya, y allí se había unido al grupo de santos que rodean al gran Babaji. tiene, sin embargo, numerosos seguidores. Las cuatro etapas se llevan a cabo religiosamente bajo la dirección vitalicia de un gurú. En el capítulo 40, se proporciona mayor información acerca de la escuela de Yogoda Satsanga en Ranchi. [Ranchi se encuentra en la actualidad en el estado de Jharkhand, que se formó en el año 2000 a partir de la zona sur de Bihar. Ranchi es la capital de Jharkhand. — Nota del editor]. permite al devoto que la ha dominado salir y regresar al cuerpo conscientemente en cualquier momento. Los yoguis adelantados usan esta técnica de Kriya durante el instante de la muerte, el cual ellos invariablemente conocen de antemano.
Los grandes yoguis «entran y salen» del ojo espiritual, la estrella pránica que constituye la «puerta» de la salvación. Cristo dijo: «Yo soy la puerta. Si uno entra por mí, estará a salvo; entrará y saldrá y encontrará pasto. El ladrón [maya o el engaño] sólo viene a robar, matar y destruir. Yo [la Conciencia Crística] he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia» (San Juan 10:9-10).